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Gracias amigo por llamarme; amigo.

29 septiembre, 2018

Allá por el mes de junio mi buen y querido amigo, Ismael Pantaleón, de Ideas Infinitas, me envió un correo, llevábamos tiempo sin hablar y contarnos cosas y quería saber cómo estaba y como me iban las cosas en lo profesional y en lo personal, se lo agradecí muchísimo, me hizo mucha ilusión.

Nos contamos cosas vía correo, yo le hablé sobre el gran cambio que iba a dar a mi vida (escribiré sobre esto en un próximo post, paciencia pues), el me transmitió un esbozo de sus proyectos en México y nos emplazamos a provocar una ocasión para vernos los tres, él, Txus y yo y compartir cosas de nuestras vidas, me dijo que después del verano me llamaba para hablar, en la mañana del pasado lunes 3 de septiembre cumplió su palabra, como siempre, y me llamó por teléfono.

Me hizo muy feliz hablar con él durante un largo rato, saber de sus proyectos y de su vida, compartimos algunas ideas y preocupaciones, le hice saber que estaba muy agradecido por su llamada y por su colaboración en una de las fases de mi proceso de cambio vital y que me había dado energía para todo el día. Después, durante una ruta en bicicleta a la que dediqué el resto de la mañana, me acordé mucho de él.

Desde las corrientes teóricas de la Sociología de las Emociones, sobre todo las relacionadas con el Interaccionismo se establece que la mayor parte de las emociones humanas son sociales pues se producen en la interacción con otras personas, es necesaria la presencia de otras personas, es necesario el “cara a cara”, tal como expone E. Goffman, para que se produzca el contagio emocional; y le otorgan un papel fundamental a la comunicación, al lenguaje, al habla, como factor determinante en la transmisión emocional. Dejando aparte las redes sociales, soy de la opinión que también en la distancia y sin el cara a cara aparentemente necesario, se produce el contagio emocional que permite la conexión (o rechazo) entre las personas.

En una conversación por teléfono el tono y la inflexión de la voz, las palabras que se utilicen y el sentido que se les dé, actúan como un potente estímulo emocional. Incluso, diría yo, que el mero hecho de escuchar el tono de llamada y ver quién te llama, ya produce una determinada emoción y (pre)dispone a pensar en la persona que se encuentra al otro lado del hilo de una u otra manera, de este detalle, aparentemente nimio, dependerá al tono y palabras que se utilicen en la charla. Desde que suena el teléfono hasta que se pronuncian las primeras palabras, hay tiempo suficiente para regular – o no- ese estado emocional influyendo en el resultado y las consecuencias de la conversación.

Así fue con mi amigo Ismael, en cuanto vi en la pantalla del teléfono su nombre, se produjo en mi cara una gran sonrisa, a mi mente vino la imagen de su cara sonriente, y en cuanto escuché su voz que, dicho sea de paso, transmite bondad, experimenté una intensa emoción de felicidad. Recuerdo que una de las primeras palabras que ambos dijimos fue la de amigo.

Una llamada de teléfono a tiempo, coup de telephone, que dirían en Francia, puede cumplir un amplio abanico de funciones. Desde la distancia, puede ayudar a establecer un diálogo y solventar un conflicto, o agravarlo, puede aclarar situaciones, puede dar información, puede transmitir y declarar amor. ¿Cuántas relaciones quedan rotas por que ninguna de las partes se decide a llamar por teléfono?, ¿cuántos problemas podrían ser resueltos?

Unas de estas funciones más importante es la de acortar distancias. En estos días de tanto debate sobre las personas migrantes, pensemos en el shock emocional que sufren y cómo lo atenúan, en cómo resuelven sus rupturas, separaciones y alejamientos familiares, ¡con llamadas y conversaciones por teléfono!

El mero echo de escuchar la voz de una persona querida, imaginemos una madre que escucha la voz de un hijo o una hija de la que está separada por miles de kilómetros de distancia, transmite y contagia la vivencia emocional del momento, congoja, alegría, enojo, rabia, tristeza, preocupación, miedo, de inmediato surgen las lágrimas a uno y otro lado de la línea.

Por eso de la importancia de poseer un teléfono móvil para estas personas, de ahí la importancia de los locutorios que en los últimos tiempos han proliferado, incluso es un elemento vital para las PSH, personas en situación de exclusión social extrema. Para estas personas es imprescindible disponer de teléfono móvil pues es el único medio de contacto con sus personas queridas, o no queridas, y de contacto con las emergencias.

Volviendo sobre los efectos emocionales de una conversación telefónica, mi amigo Ismael aprovechó para halagarme, valorarme y reconocerme, y yo a él, pero lo haremos presencialmente próximamente porque nos hemos emplazado, obligado, a reservar un par de días el mes próximo para estar juntos. A través del teléfono nos hemos emocionado mutuamente y hemos sentido el impulso de viajar para vernos, de los viajes hablaba en el anterior post, uno de los grandes motivos de emprender un viaje es el de abrazar a un amigo, o amiga, y satisfacer la humana necesidad del contacto físico, de la interacción cara a cara, de consolidar una amistad, auténtico valor humano.

Mientras eso ocurre, bienvenidas y emotivas sean las llamadas por teléfono.

Y tú, ¿Tienes pendiente alguna llamada telefónica?, si es así, no lo dudes, emociónate a distancia.

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La emocionante aventura de viajar

12 septiembre, 2018
Quiero dedicar este post, a modo de recuerdo y homenaje, a esa gran cantidad de niños y niñas que debido a la pobreza sufren la privación de cualquier opción de vivir la emocionante aventura de viajar y vivir experiencias excepcionales. 

¿Adónde vas? ¿Dónde has estado? Estas son preguntas que hacemos, nos hacen y escuchamos con insistencia durante la época estival que ahora termina. Tiempo de vacaciones, de viajes, de turismo, de playa, de montaña o de regreso a la casa de pueblo. Cualquiera de las opciones es valida, que cada cual opte por la que más le plazca o pueda.

Pero de lo que yo quiero hablar en este post es de la ilusionante experiencia de viajar y del emocionante contenido de la literatura de viajes, porque viajar es una apertura a la vivencia de montones de emociones, así como narrar el propio viaje y leer sobre lo acontecido en los viajes y aventuras de otras personas.

Yo me reconozco como un ser de espíritu explorador y aventurero, tal vez por eso me fascina la literatura de viajes, y me entusiasma la idea de afrontar el reto de aprender y probar a ser un Narrador de viajes. Existen extraordinarias referencias de las cuales aprender, aquí expongo algunas de las que he leído últimamente, empezando por Julio Verne de quien aún conservo siete de sus obras de viajes fantásticos y Robert. L. Stevenson, en cuyo legado literario hay una vasta obra de crónicas de viajes como En los mares del Sur.

Javier Reverte y su excelente libro La aventura de viajar que he terminado de leer hace poco y que me ha inspirado para escribir este post. Éste es un libro ecléctico, donde narra su vida como viajero, desde las excursiones infantiles, pasando por las crónicas de guerra que le llevaron por todo el mundo, hasta sus vivencias como mochilero, que le han llevado a conocer lugares inhóspitos y alejados de nuestro mundo occidental. Su lectura me ha generado una gran satisfacción y alegría porque en él he encontrado multitud de referencias que me conectan con muchas anécdotas y recuerdos personales de mis viajes y aventuras.

Manuel Leguineche, descubrí su genial El camino más corto de la mano y recomendación de Maribel y Roberto, que dan vida a El guisante verde, un magnífico blog de narración de viajes. En su último post escriben sobre la futurista Nantes y sus “máquinas vivientes”. Una ciudad de la que guardo fantásticos recuerdos. Fue una gratísima sorpresa viajera.

Disfruté muchísimo leyendo Últimas noticias de Sur, una crónica del viaje realizado por dos amigos, Luis Sepúlveda y Daniel Mordzinski a la Patagonia, un lugar en el que según ellos escriben; al sur del paralelo 42º la confianza nace sin términos medios, sin ambigüedades ni torpes llamadas a la prudencia. Parajes andinos que forman parte de mi baúl de sueños y lugares a descubrir.

Viajar es apasionante, te llena la vida de anécdotas, de sucesos que ayudan a descubrir nuestro auténtico y genuino “yo”, porque en los viajes suceden cosas extraordinarias, insólitas, fuera de lo común. En el blog EiTB.Inteligencia emocional, Maribel describe con certeza grandes beneficios que conlleva el viajar.

El hecho de viajar se torna necesidad, está enraizado en lo más profundo de los genes humanos. Quizás sea debido a la inmensa experiencia emocional que aporta, viajar es una actividad que hace “sentir la vida”. Desde la ilusión, alegría y nerviosismo de los preparativos, de la ansiedad y ganas de que llegue la hora de partir, pasando por la sorpresa permanente en destino, y sí, también por la tristeza del regreso.

En mi caso particular, recuerdo con intensidad aquellos primeros y excepcionales viajes durante mi infancia y adolescencia en los que toda la familia nos trasladábamos a veranear en el antiguo tren de vía estrecha, desde la desaparecida (1968) estación de la calle Los Herrán (Vitoria-Gasteiz) a Deba, a casa de mis abuelos maternos.

Aquel tren de vía estrecha era un medio de transporte para las clases sociales menos pudientes y servía para viajar a localidades de baja o mediana población y era utilizado por los aficionados al montañismo, que realizaban excursiones los fines de semana a los picos de Gipuzkoa, cercanos al recorrido del tren.

Yo viajaba cautivado por los misteriosos y húmedos túneles, por el verdor de prados y bosques, en mi recuerdo guardo el rítmico movimiento y sonido de “traqueteo” de aquel tren, hasta que al llegar a Mendaro intuíamos con alborozo infantil la cercanía de la costa y los maravillosos días que nos quedaban por disfrutar. Al igual que a Javier Reverte,“mi visión del mar en un día de la infancia, son sensaciones y emociones que identifico con el viaje”.

Después, desde joven hasta la actualidad, he tratado de conservar y cultivar esa ilusión y fascinación por viajar e impregnarme del particular ambiente de cada lugar. A este respecto, en La aventura de viajar, Reverte escribe: “a todos los niños, desde siempre, les han gustado los hechos excepcionales, las sorpresas. Muchos poseen un alma aventurera que suele estar en primer plano de su personalidad. Lo que ocurre es que, mientras van creciendo, la sociedad adulta se ocupa de ir desvaneciendo esa sed de aventura, borrándola entre las tinieblas del corazón del niño”.

En mi caso particular, os aseguro que mi alma aventurera ha permanecido intacta, he tenido la fortuna de poder viajar con asiduidad, a diferentes lugares y de diferentes y divertidas maneras.

Recuerdo aquellos viajes a Francia a finales de los años 70 del pasado siglo, a comprar material de montaña y fotografía, al regresar, llenos de miedo, inventábamos mil peripecias para esconder la compra y pasar la frontera sin declararla porque esto suponía un importante incremento del precio y nuestros recursos eran muy limitados.

También en edad juvenil llegaron los viajes y aventuras de escalada y ascensión de montañas, y como narra Reverte: “El sabor caldorro del agua de una cantimplora y la frescura del agua en las fuentes serranas, el olor a pinos en verano, el gusto de un bocadillo frío de tortilla de patatas, a veces, un filete ruso y un par de naranjas”.

En Francia recorrimos la región Centro-Valle del Loira (Orleans) durante diez días en un carro tirado por una mula de nombre Coquette, de regreso, casi sin tiempo de hacer de nuevo la maleta, nos fuimos a Marruecos (en autobús litera) allí probé por primera vez una comida bereber que me encanta desde entonces, el cuscús (cous-cous). En México hicimos un traslado en una avioneta, “durante una tormenta tropical”, en la que tuve que ir sujetando la puerta desde dentro porque se abría, no olvidaré nunca ese viaje, mi segundo hijo se concibió allí. Aunque bien es cierto, que ningún viaje se olvida si te ha emocionado.

Así ahora, cuando escribo estas líneas y lo recuerdo (ya escribí anteriormente sobre este viaje ) aún siento la misma emoción de amargura y rabia que sentí en el cementerio americano junto a la playa de Omaha (desde Vierville hasta Coleville-Normandía), escenario del Día D, lo mismo que sentí el pasado año en Croacia al ver que en algunos lugares aún permanece la desolación de la guerra; “el perfume de la guerra”, como describe Reverte en La aventura de viajar.

Viajar consiste en una intensa experiencia emocional, te cambia, te convierte en otra persona. En los viajes pueden ocurrir cosas extraordinarias, como dice Reverte, extraordinarias en el propio sentido de la palabra, lo que se sale de lo ordinario.

Y al igual que Reverte narra, “ahora a mis sesenta años, me sigo sintiendo capaz de apasionarme en cada uno de mis viajes y cada una de mis aventuras”.

En El camino más corto, Manu Leguineche introduce un escrito de H. Keyserling: El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo. Quiero anchuras, dilataciones donde mi vida tenga que transformarse por completo para subsistir, donde la intelección requiera una radical renovación de los recursos intelectuales. Quiero que el clima y otros aspectos imprevisibles envuelvan mi ser y actúen sobre mi alma, para ver lo que será entonces de mí.

Sea lo que sea que suceda en mis próximas emocionantes aventuras y viajes, bienvenido será; unas líneas más de Javier Reverte a modo de metáfora para concluir este post: El viaje concluyó una mañana de intensa luz. Ya en el aeropuerto, tras pasar los trámites de facturación y aduana, nos dirigimos a pie atravesando las pistas de aterrizaje para alcanzar el avión. Llegamos sudorosos a la escalerilla de la parte trasera del aparato y aún hubimos de quedarnos allí un rato, esperando bajo el sol de fuego. Había surgido un problema….(podéis seguir la lectura en La aventura de viajar, pág. 118)

Os dejo con mis próximas lecturas: 

El arte de caminar. Un viaje a escala humana. Altair

Confines. Javier Reverte, Plaza&Janés

Caminar puede ser un hecho erótico, o resultar un asunto exótico. 
Puede ser, es, un hecho artístico.
Caminar…es crear mapas dibujados con nuestros pasos.
Caminar es preguntar sin esperar respuesta,
es huir de nuestra sombra en una búsqueda incierta al ritmo del camino
embarcamos en ese «viaje a escala humana», que nos permite redescubrir territorios desde los caminos.
También comprender las emociones e ideas, entender el paseo como desafío.
Caminar, viajar como acto de libertad creativa, de pensamiento y acto revolucionario.

Ansiedad y perplejidad social

5 julio, 2018

Enlace a la imagen, https://monsieurdevillefort.wordpress.com/2015/11/

Vivimos en una época de incertidumbre. En sociedades anteriores a la nuestra, los seres humanos han vivido con un futuro tal vez más sombrío, pero la estabilidad de sus condiciones vitales – por muy negativas que fueran- les permitía pensar que el porvenir no les iba a deparar demasiadas sorpresas.  Podían pasar hambre y sufrir la opresión, pero no estaban perplejos. La perplejidad es una situación propia de sociedades en las que el horizonte de lo posible se ha abierto tanto que nuestros cálculos acerca del futuro son especialmente inciertos.

Así se expresa Daniel Innerarity en su último libro, Política para perplejos. Según Innerarity, nos hemos pasado mucho tiempo intentando racionalizar el diálogo y la convivencia, mientras lo ignorábamos casi todo acerca de cómo se estaban configurando los nuevos espacios emocionales.

El tema es serio, además de Innerarity, está concitando la atención de diversos pensadores y autores que han publicado La era de la perplejidad . Repensar el mundo que conocíamos.Y otros hasta han preparado Pedagogías para tiempos de perplejidad. De la información a la sabiduría con el desafío de empoderar a los sujetos humanos para que elijan y desarrollen su propio proyecto vital en los contextos complejos y singulares en los que viven.

Lo cual quiere decir que, como sociedad, seguimos en el empeño racionalizador de la modernidad, no hemos aprendido que todo lo que acontece en la vida social, las guerras, la economía, la política, la convivencia son como plantea Innerarity, y yo lo comparto, cada vez más asuntos primordialmente emocionales, espacios sentimentales donde se despliega la ansiedad, la ira o la confianza. Estas emociones y estados de ánimo son al mismo tiempo fuente de conflicto y vectores de construcción social.

Construcción social en el sentido de que son sentimientos y emociones colectivas con enorme fuerza transformadora, no arrebatos irracionales. Esta es una cuestión que desde este blog venimos narrando con insistencia, las emociones se configuran como fuerzas de transformación.

Innerarity, afirma sabiamente que debemos utilizar el gobierno de las emociones colectivas dado que contiene una fuerza que es clave para la transformación democrática de nuestras sociedades.

Estas reflexiones me llevan a recordar a Victoria Camps y su Gobierno de las emociones,  cuyo fundamento radica en la ÉTICA, en mayúsculas. Aunque Innerarity aquí no la menciona está muy presente en su obra.

Lo que sí menciona es que el aumento del desconcierto y la perplejidad viene aparejado a una disminución en la capacidad de comprensión de la sociedad, a la vez que se incrementa el poder de los afectos y las emociones como variable explicativa de la conducta social.

En este sentido, para él, el desconcierto y perplejidad política de nuestra época tienen que ver más con la incapacidad de reconocer y gestionar nuestras pasiones que con el orden de los conocimientos. No le falta razón, a nivel de emociones, la perplejidad se asocia con la permanente sorpresa para la que no estábamos preparados, nos descoloca y al no contar con las habilidades necesarias no sabemos reaccionar a tiempo, nos paraliza, y este no saber qué y cómo decidir nos sume en el sufrimiento de la ansiedad.

Alabo el acierto y astucia de Innerarity al utilizar la palabra perplejidad porque refleja fielmente el actual transcurrir de los acontecimientos de nuestra sociedad. Según la RAE, significa irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en algo. Por otra parte, en la teoría de la información representa medida utilizada en la distribución de una probabilidad desconocida relacionada con la entropía, aquí la usaré como medida del desorden o desequilibrio de un sistema social, de capacidad de transformación y evolución.

Esto es lo que caracteriza a esta sociedad nuestra llena de incertidumbres e inseguridades. Pero tengamos en cuenta que cada sociedad, en cada época y contexto, genera su propia estructura emocional.

A este respecto, Innerarity identifica la ansiedad colectiva como uno de los sentimientos, personales y colectivos característicos de nuestras sociedades. Nuestro mundo parece ser más incierto, más inseguro y, por consiguiente, más ansioso que el anterior.  Los sentimientos son de las personas, pero los hay también en las sociedades, en las que se producen constelaciones emocionales, atmósferas afectivas, sentimiento generalizados que explican buena parte de los sentimos, expresamos o hacemos.

Sobre este tema recomiendo la siguiente lectura:», Eduardo Bericat¿Sienten las sociedades? Emociones individuales, sociales y colectivas en P. Fernández y N. Ramos (Coords.), Corazones inteligentes, Kairós 2002, pp. 121-144).

Sobre este tipo de ansiedad hemos hablado mucho en otros foros, pero hay otro tipo de ansiedad que produce lágrimas que son perlas que caen al mar, que canta Nat King Cole al amor ausente.

Innerarity nos recuerda que el panorama actual es muy distinto, las condiciones inciertas del trabajo, el desconcierto que produce la volatilidad de los cambios, la dificultad de gestionar la información, la naturaleza de los nuevos conflictos como el terrorismo que representan una amenaza difusa e indiferenciada. Todo esto produce irritación, inseguridad y ansiedad. Sobre todo, por la dificultad de identificar los daños y protegerse contra ellos.

Un panorama en el que la ansiedad acerca del futuro personal y colectivo se convierte en una forma de miedo que carece de objeto de referencia, porque según Innerarity, hoy tenemos riesgos indeterminados y promesas de seguridad que funcionan como placebos, se mantienen las mismas viejas prácticas de seguridad que hoy tienen una eficacia limitada.

La perplejidad que todo esto produce es lo que explica el tono negativo que se ha apoderado de la política. Los agentes políticos nos cuentan historias de descontento y frustración, los discursos y mensajes transmiten con insistencia el supuesto de que va a ocurrir un desastre. La prevención se ha convertido en una estrategia clave.

Campañas de seguridad, sospechas hacia el emigrante, hacia el refugiado, detenciones indiscriminadas, vetos a la libertad de expresión y un largo etcétera que normalizan la desconfianza y la sospecha. Es este incremento de la sospecha el que acentúa la ansiedad en un bucle que se cierra sobre sí mismo, la vigilancia incrementa la sospecha, la sospecha, a su vez, impulsa a aumentar la vigilancia.

La desconfianza se encumbra como actitud generalizada detrás de la sospecha hacia los extraños. Este es un concepto que siempre me remite al fallecido Zigmun Bauman, que centró su último libro “Extraños llamando a la puerta” en la crisis de los refugiados, la perdida derechos y la política de construcción de muros en lugar de puentes.

En él culpa a los políticos de aprovecharse del miedo de los inmigrantes y pobres y escribe: “Esa crisis es, en el momento presente, una especie de nombre en clave políticamente correcta con el que designar la fase actual de la eterna batalla que los creadores de opinión libran sin descanso en pos de la conquista y el sometimiento de las mentes y los sentimientos humanos…”.

¿Qué podemos hacer para detener estos círculos infernales que desgarran el equilibrio emocional de las personas y las sociedades?

Es una buena pregunta que lanza Innerarity y buena es la repuesta que ofrece: Probablemente lo más revolucionario sea la serenidad, un valor que deberían cultivar nuestros gobernantes y deberíamos cultivar también entre la ciudadanía, o simplemente, en tanto que seres humanos.

Una reflexión de Innerarity que me ha llamado poderosamente la atención, y con la que estoy absolutamente de acuerdo, es que la ansiedad como emoción, fija a los sujetos en el momento presente y desmonta los sueños e ilusiones por un futuro mejor, además, con el aumento de la información disponible y su actualización impulsiva, podemos creer que estamos exonerados de ejercer la reflexión personalA la indignación suele faltarle reflexividad, está más interesada en denunciar que en construir, lo que limita su capacidad para generar iniciativas políticas.

Estoy de acuerdo, en la reflexión personal fallamos, invito a que desde la serenidad ejercitemos la reflexividad personal y colectiva y nos dotemos de una opinión crítica propia, estoy convencido de que con ello nos preparamos para afrontar la sorpresa y la perplejidad sin tanta ansiedad personal y social.

La perfección no existe, es una trampa emocional.

28 junio, 2018

Este post no me gusta, lo repetiré, y una vez escrito tampoco me gustará y lo volveré a escribir, y así sucesivamente, y posiblemente no lleguéis a leerlo.

Esto podría ocurrir si yo fuera un maníaco perfeccionista, un perfeccionista patológico.

Afortunadamente no padezco ese mal, me gusta hacer las cosas lo mejor posible dadas las circunstancias del momento, me gusta poner atención a los detalles y que lo que hago tenga sentido y armonía, no me obsesiono con la perfección, por eso este post está escrito como está y podéis leerlo.

¿Existe la perfección? ¿La ha visto Usted? ¿Ha podido sentirla? ¿Puede describirla? ¿Cómo es? Ante preguntas como estas, cada persona responderá de diferente manera por la sencilla razón de que cada cual mide la perfección de diferente manera. Depende de las vivencias y experiencias particulares. Este párrafo forma parte de un reciente artículo de Luis Llorente en RRHHDigital.

En mi opinión la perfección forma parte de los males que aquejan a nuestra sociedad. Es un dictamen, un mandato cultural -y empresarial- por el cual se nos ha exigido buscarla sin descanso en la consideración de que siempre se puede mejorar más y más y más,….lo cual sólo genera ansiedad y frustración. La perfección total no existe, su búsqueda es un camino al infinito. Una trampa del capitalismo consumista que promete la perfección y la felicidad.

Sobre esta cuestión escribe con amplitud Gilles Lipovetsky. En su libro La sociedad de la decepción analiza las sociedades hipermodernas:  Aparecen como sociedades de inflación decepcionante. Cuando se promete la felicidad a todos y se anuncian placeres en cada esquina, la vida cotidiana es una dura prueba. Más aún cuando la «calidad de vida» en todos los ámbitos (pareja, sexualidad, alimentación, hábitat, entorno, ocio, etc.) es hoy el nuevo horizonte de espera de los individuos. ¿Cómo escapar a la escalada de la decepción en el momento del «cero defectos» generalizado? Cuanto más aumentan las exigencias de mayor bienestar y una vida mejor, más se ensanchan las arterias de la frustración. Los valores hedonistas, la superoferta, los ideales psicológicos, los ríos de información, todo esto ha dado lugar a un individuo más reflexivo, más exigente, pero también más propenso a sufrir decepciones. Después de las «culturas de la vergüenza» y de las «culturas de la culpa», como las que analizó Ruth Benedict, henos ahora en las culturas de la ansiedad, la frustración y el desengaño.

Ante esta cultura del cero defectos y búsqueda de la perfección, la persona perfeccionista nunca estará satisfecha, no parará en su empeño de buscar algo mejor, y al no lograrlo se frustrará y sufrirá.

Bien es cierto que podemos ir mejorando aquello que hacemos basándonos en los conocimientos y experiencias que vamos adquiriendo en el proceso, pero sin la pretensión de alcanzar la perfección, porque no existe. Además, éste empeño nos hará perder la atención en la armonía del conjunto y disfrutar del camino, de la elaboración de cualquier tarea que emprendamos.

La búsqueda de la perfección no sólo es una lucha interna, también lo es con quienes nos rodean. Se convierte en una obsesión, Llorente la define con acierto como trampa emocional. Para la persona con obsesión perfeccionista, siempre habrá algo mejor, lo que hace, siempre será mejorable, lo que tiene nunca será lo perfecto, las personas que le rodean siempre cometerán errores, serán inútiles, torpes, y querrá cambiarlas, al no conseguirlo sólo sentirá dolor y sufrimiento.

La perfección -como acción insistente y repetitiva- tiene una curiosa paradoja, puede producir parálisis. La persona perfeccionista entrará en un bucle cognitivo de  pensamiento y creencia de que aquello que hace se puede hacer mejor, repitiendo el proceso una y otra vez, y no avanzará.

Las personas perfeccionistas pueden querer ocultar con su auto exigencia y en su búsqueda de la perfección, su incapacidad para aceptarse tal como son, sus debilidades, sus limitaciones, su inseguridad, su insuficiencia ante sus retos, en definitiva, su vulnerabilidad. Y no es cosa baladí, porque la perfección patológica puede generar un sinfín de malestares emocionales, problemas de salud y de relación social, de tal manera que suelen verse atrapadas por comportamientos prepotentes y de desprecio a los demás, incluso pueden convertirse en personas agresivas.

Decepción, frustración, tristeza, rabia, estrés, ansiedad, culpa, vergüenza y miedo, son algunos de los estados emocionales escondidos en su trampa emocional.

La frustración debida a no conseguir la perfección puede estar provocada por la falta de adecuación de objetivos y expectativas, y a no contemplar la realidad temporal y del entorno. Es el camino “perfecto” (¿existe algún camino perfecto?) para la permanente queja y la desilusión.

¿Cómo poder evitar esa frustración y decepción? Con optimismo. Apoyarse en la autenticidad, en la humildad, en la constancia, y sobre todo, tratando de revisar y recalibrar los objetivos y expectativas. Con la idea de que para muchas situaciones y problemas de la vida no existe la solución ideal. Valorar lo que se tiene y lo que se hace, bien o mal.

Perfeccionista, disfruta de lo que haces, de lo que tienes, no busques la perfección, sí hacer lo que hagas lo mejor posible, dadas las circunstancias, de manera digna.

Bueno, como veréis, ni estas recomendaciones son perfectas, ni este post es perfecto, ni tiene por qué serlo.

Miedos (des)conocidos

22 junio, 2018

Se dice que nuestra sociedad es la sociedad del miedo, pero ¿de qué tenemos miedo? Porque miedos hay muchos, diversos, diferentes, similares, justificados y no justificados. Unos miedos ayudan y otros perjudican.

Hemos visitado el miedo  numerosas ocasiones  en EiTB Inteligencia emocional. Pero hoy he invitado a dos miedos de los que poco se habla, poco se explica de ellos, por lo que son (des)conocidos. Recojo el prefijo des entre paréntesis para reforzar su intencionalidad y significado; negación o inversión. En este caso, los miedos de los que hablo son dos miedos negados y en parte, sólo en parte conocidos, es decir, desconocidos.

Por un lado, me refiero al miedo que sufren las personas que viven y duermen en la calle, al miedo de las Personas Sin Hogar. Y ciertamente, muy poco se conoce de estas personas y mucho menos de sus miedos. Por otro lado, hablo del miedo a estas personas, de la Aporofobia. Éste es un concepto acuñado en 1995 por Adela Cortina y que desarrolla en su libro Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia. Se trata de un neologismo formado a partir de la voz griega á-poros, ‘sin recursos’ o ‘pobre’, y fobos, ‘miedo’, por tanto, significa: Odio, miedo, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el que no tiene recursos o el que está desamparado”.

Esta palabra ha cogido tanto auge actualmente que ha sido elegida palabra del año 2017 por la Fundación del Español Urgente, incluso el Senado español aprobó el pasado mes de septiembre una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal. En nuestra sociedad, este concepto tiene su origen en el miedo, tiene como trasfondo el rechazo ancestral que el ser humano ha sentido siempre por la figura del pobre.

Como dice A. Cortina, este miedo no es una fobia difusa, es una actitud que trata de ser justificada. En mi opinión, se trata de un miedo diferente y no justificado, miedo a lo diferente, al diferente, a lo desconocido, por tanto, es un miedo irracional. Este no es miedo que paraliza, más bien al contrario, es un miedo que impulsa a la violencia, a la agresión. Sin embargo y en oposición, el miedo de las Personas sin Hogar es un miedo totalmente diferente a éste, porque sí es un miedo paralizante y está totalmente justificado.

Hace pocos días, leí una noticia en la prensa titulada La hora del miedo para las personas sin hogar: Rafael Santamaría tenía 32 años cuando, en agosto de 2009, un grupo de jóvenes se lo encontró durmiendo
 en un fotomatón en Madrid. Losiguiente que recuerda este zamorano
 es despertarse en un hospital. Le habían reventado a patadas el cráneo.Tenía suerte de seguir con vida, peroperdió la movilidad en parte de su cuerpo, además del habla.

El Movimiento contra la Intolerancia (MCI) llevó su caso a los tribunales. Esta entidad ha documentado 22 asesinatos desde 1992 de Personas sin Hogar. La caída de la noche es un momento de mucha tensión. Y no solo por el frío. Entre estas personas, quien no ha sufrido una paliza ha visto como al de al lado intentaban quemarle vivo mientras dormía.

A través del Informe Hatento, la Fundación RAIS ha elaborado la primera aproximación empírica a la violencia que, según este estudio, han sufrido el 47 % de las 31.000 Personas sin Hogar en nuestro país. Estos delitos de odio contra las Personas sin Hogar es un fenómeno invisible, por eso decía anteriormente que su miedo es desconocido.

El 60 % de las agresiones se produjeron mientras las víctimas dormían; en dos terceras partes de los casos los hechos fueron presenciados por testigos, que como norma general no prestaron ninguna ayuda (excluidos como testigos otras Personas sin Hogar, un 80 % pasó de largo, y solo un 2,7 % llamó a la Policía). El 10 % de los agresores resultaron ser miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, un factor que disuade de presentar denuncias, unido a que, en un 70 % de los casos, la atención recibida en la comisaría fue «poco o nada satisfactoria». En los 114 casos pormenorizadamente recogidos en la investigación por RAIS, sólo 15 víctimas presentaron denuncia. Ninguna acabó en sentencia condenatoria.

Nos enfrentamos a una patología social. La aparofobia es un fenómeno absolutamente corrosivo, pone nombre a una realidad, a un sentimiento. Permitidme que lo analice desde la perspectiva teórica que Zygmunt Bauman desarrolla en La posmodernidad y sus descontentos, según la cual este fenómeno aporofóbico hace alusión al concepto sueño de la pureza de una sociedad, por tanto se vería a las PSH (Personas sin Hogar) como contaminación, personas que no encajan, es suciedad que hay que limpiar. Es una cuestión de orden, el extraño hace añicos la seguridad de la vida cotidiana.

Bauman pone el punto de mira en el caldo de cultivo para la aparición de ideologías totalitarias, peligrosas y que pueden encaminarse hacia la búsqueda de la solución final, que infaustos recuerdos nos trae. Cierto es que toda sociedad produce sus extraños, hasta ahora parecía que estos extraños eran las personas excluidas, entre ellas como máxima expresión de la exclusión social, las PSH. Sin embargo, en la actualidad la aporofobia parece orientarse hacia “los pobres” en general. No encajan en algunos mapas cognitivos, morales o estéticos del mundo.

Siguiendo con el análisis del miedo de las PSH, el principal factor de riesgo para que una de ellas sea víctima de un incidente o delito de odio es encontrarse con otra persona que crea que aquellas no merecen su respeto y esté dispuesta a comportarse en consecuencia. Quienes cometen delitos de odio por aporofobia son los únicos responsables de sus conductas.

Quiero hacer énfasis en que las PSH forman un grupo social especialmente vulnerable frente a los delitos de odio. Los prejuicios en torno a la criminalización de las PSH (en la actualidad también de los pobres) es otro de los factores que pueden incrementar la vulnerabilidad frente a este tipo de experiencias.

Según la percepción de las víctimas, estos incidentes pudieran estar motivados por los prejuicios y la intolerancia hacia ellas. En la investigación de RAIS se les preguntó sobre las razones que tenían para pensar de esta forma. Un 30,7% de las personas entrevistadas señala que el agresor o agresores lo dijeron de manera explícita durante el incidente y el 35,1% considera que le vieron más indefensa y vulnerable. Pero, en mi opinión, la cuestión más grave es que el perfil de los atacantes relaciona con personas jóvenes que consuman su violencia unas veces de manera organizada y otras a modo de diversión cuando están de fiesta nocturna.

Cuando se vive en la calle, no se duerme profundamente, sino que siempre se mantienen en estado de alerta o, si duermen en grupo, se turnan para vigilar que no pase nada. Uno de los testimonios especialmente relevante, fue el de un chico joven marroquí que, a pesar de no haber sufrido ningún episodio de este tipo, era plenamente consciente del riesgo y la vulnerabilidad de manera que nunca dormía por la noche, sino que se dedicaba a pasear por la ciudad hasta que abrían el metro, donde entraba a dormir en el asiento de un vagón.

Tiene razones de sobra para tener MIEDO, porque en un 60% de los casos, el lugar en el que se produjo el incidente o delito de odio coincidía con el lugar donde estaba durmiendo la víctima. En el estudio se les preguntó si cambiaron alguno de sus hábitos o su forma de pensar para tratar de protegerse. Un 53% de las víctimas respondió afirmativamente y entre éstas, un 63,8% cambió su lugar de pernoctación como estrategia de protección.

Casi la mitad de las PSH habrían sufrido agresiones, vejaciones, humillaciones e intimidaciones motivadas por la intolerancia y los prejuicios de sus agresores hacia su situación de extrema exclusión social. Dormir y vivir en la calle tiene un componente de violencia estructural que además se ve agravado por la violencia directa de la que son objeto. Cada 5 días muere una persona en la calle, el 27% víctima de agresiones.

El poder del miedo en nuestra sociedad es un hecho constatable, el pasado año 2017, ha habido un enorme incremento de las ventas de 1984, la conocida novela de George Orwell. Nada menos que un 10.000% y subiendo. El contagio ha llegado a España, donde ha reaparecido en la lista de los más vendidos en numerosas librerías.

Para Cristina Hernández, participante en el estudio, es igualmente necesario cambiar la percepción ciudadana. «Hay que romper mitos. Algunos evitan pasar por la noche por donde hay Personas sin Hogar durmiendo. Presuponemos que nos van a robar; las ponemos en la lista de agresores potenciales, no de víctimas, cuando la realidad es que estas personas viven atemorizadas, especialmente por la noche». Algunas se dedican a pasear durante esas horas. Otras se han acostumbrado a dormir con un ojo abierto.

Pero lo que más les duele a estas personas no es siempre el insulto grueso. Lo que terminó de hundir, por ejemplo, a un hombre de 53 años que llevaba tres meses en la calle fue que una mujer le dijera simplemente: «Qué asco das», mientras él recogía sus pertenencias tras pasar la noche en un cajero. Conviene recordar que el asco, es aversión y ésta, según la RAE, es una de las definiciones de fobia.

“Me siento furioso. Soy una persona como ellos pero que he tenido mala suerte de perder a mi familia. ¿Por qué me tratan así? dice un joven de 24 años que perdió a sus padres y a su hermana en un accidente y estuvo tutelado por la Administración hasta que cumplió los 18 y se vio de golpe en la calle.

Según la investigación, respecto al impacto emocional que tuvo el incidente o delito de odio, sólo un 5,3% de las víctimas señalaron sentir indiferencia frente a la experiencia que compartieron con el Observatorio Hatento. Sin duda, se trata de un claro indicador del impacto emocional que este tipo de hechos tiene sobre las víctimas.

La ira hacia las personas responsables del suceso es la emoción que refieren de forma más frecuente, afectando al 45% de las víctimas. Este resultado es especialmente interesante, de cara al abordaje inmediatamente posterior por parte del personal técnico y voluntario de las organizaciones de atención a Personas sin Hogar, de modo que será fundamental jugar un papel de contención emocional, que facilite la canalización de la ira.  Esta interesante reflexión no sitúa en una de las características de las emociones, su mutación hacia otros estados emocionales una vez experimentada la intensidad emocional inicial. La ira, es uno de los estados emocionales asociados al miedo.

Adela Cortina no se queda en un plano teórico, busca posibles soluciones para el problema de la aporofobia, llamando a la conciencia de las personas y las instituciones sociales y reivindicando el papel de la justicia y la compasión en la educación. Como resumen de su propuesta, quizás valga la pena recordar, que “los hombres nacieron en relación, no como individuos aislados, nacieron en vínculo, no como átomos cerrados en sí mismos”.

Para ilustrar estas líneas, invito a la reflexión sobre estos miedos (des)conocidos con este vídeo

Asco moral

18 junio, 2018

Hoy nos visita nuevamente el Asco, pero en esta ocasión en su faceta de Asco Moral. Como en el post anterior, lo haré a partir de la narración de Aurel Kolnai y presentaré algunas de las múltiples versiones que presenta el asco.

Pero antes de proseguir plantearé la siguiente pregunta que se incluye en El Blog de FOROTOC, Un espacio para tratar el Trastorno Obsesivo Compulsivo. ¿Por qué se ha tardado tanto en poner la atención al Asco? Es curioso, porque del análisis exhaustivo que hicieron B. Olatunji y D. McKay (en su libro El asco y sus trastornos), no ha existido ningún artículo de referencia hasta los años 90 hablando específicamente sobre el asco; mientras que otras variedades de emoción, como la ansiedad, la felicidad o la ira, se pueden contar a centenas.

Ellos plantean 4 razones básicas:

  1. Porque nunca se le ha visto interés alguno y el tiempo se ha dedicado en otros temas más destacables y perturbadores (como el miedo).
  2. Porque se veía difícil de observar y estudiar en laboratorio.
  3. Porque siempre se ha asociado a unos comportamientos demasiado específicos (como el comer) y precisamente el tema de la comida ha estado muy apartado hasta hace relativamente poco tiempo.
  4. Quizá la más interesante de todas las razones: Porque a los investigadores les da asco tratar sobre el asco. Una conducta evitativa a gran escala.

 

En esta línea de emoción evitada y olvidada, se expresaba con acierto nuestro amigo Iñaki Pérez, allá por 2015 en un post   “Me tenéis olvidada, …”

Por otra parte, parece ser que el primer libro tratando sobre el asco específicamente, fue creado por William Ian Miller en 1997: Anatomía del Asco.  William Miller se embarca en un viaje fascinante al mundo de la repugnancia, mostrando cómo aporta orden y significado a nuestras vidas, incluso cuando nos horroriza y nos rebela nuestra noción del yo, íntimamente dependiente de nuestra respuesta a las excreciones y secreciones de nuestros cuerpos.

Y es precisamente en el cuerpo donde residen algunos ascos, como el asco al “hombre musculoso”, a la brutalidad, esa energía corporal de carácter agresivo, violentador e incitador, que son cualidades indispensables para la producción del asco. Muchas personas considerarán estas imágenes como asquerosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Colin MacGinn (El significado del asco), al sentir asco hacia nosotros mismos como especie, nos situamos ante un tenso dilema emocional: nos admiramos por nuestros logros, pero también experimentamos un sentimiento de repulsión hacia nuestra necesaria naturaleza orgánica.

Y qué diremos del asco a la sexualidad desordenada, en palabras de Kolnai, se trata de una vitalidad que hierve y arde en sí misma, tanto como irrefrenable impulso sexual, como asquerosa atracción y excitación sexual.

Y de esta manera, fruto de la cultura, algo de carácter natural, lo convertimos en asquerosidad moral. Cuántas veces habremos oído en palabras de personas allegadas ante la visión de pornografía, o en cualquier charla o explicación sobre sexo, aquello de ¡qué asco, por favor!

Esta perspectiva cultural de las emociones, que está presente en las corrientes teóricas de la sociología de las emociones (véase Arlie R. Hochschild), aboga porque unos de los orígenes de las emociones está en la cultura y socialización de los sujetos.

En este línea, Iñaki Pérez en “Me tenéis olvidada”, cita a Rozin y Fallon quienes califican al asco como “la emoción de la civilización”, por la adquisición de emociones y valores motivados por la cultura y la historia social.

También es cultural un asco mayor y específico que sentimos hacia el incesto entre hermanos. Y aquí, Kolnai introduce un elemento clave, la cuestión ética de cuándo debe ser concebido un comportamiento como moralmente malo, o al menos desordenado, ante el que se siente asco, la sexualidad perversa, poligámica, que se presenta como hostil a la vida con presencia de amoralidad sexual. Se trata de un exceso de vida desordenada, algo sucio, húmedo, espumoso, insano.

De aquí la aparición del asco ante la inmoralidad en tanto que ésta se nos presenta como ensuciamiento de la vida y de los valores. En esta suciedad asquerosa de los valores, aparece otra de las facetas del asco, la mentira.

Asco, aversión que nos estremece al comprobar algo mentiroso. La mentira es hostil. Cuando sabemos, escuchamos alguna declaración que percibimos como deliberadamente falsa, entra en juego la asquerosidad de la mentira, que contempla agresividad oculta, escurridiza. Metafóricamente, aquel que miente es etiquetado como culebra, gusano, lombriz.

 Mentir es asqueroso, sí, pero más asqueroso es engañar mediante la falsa presentación de verdaderos valores, los cuáles sirven de máscaras para encubrir el interés del dinero, u otros intereses partidistas. Un hecho con una especial suciedad que presenta una Imagen pastosa, podrida, que se introduce corrosivamente.

De este modo, damos entrada a un hecho social de especial asquerosidad a la que parece que nos estamos acostumbrando. La mentira da paso a la corrupción.

 En estos tiempos que nos ha tocado vivir no podría faltar en una conversación asquerosa. La corrupción no sólo es algo que la humanidad considera sucio, por tanto, asqueroso, porque falsea los valores más altos. La corrupción también tiene connotaciones de infidelidad y de traición, algo que es realmente asqueroso.

Un aspecto especial de la corrupción es que desaloja, sustituye altos valores como la honradez, la honestidad, el bien público, la confianza y la convicción y muestra un característico brillo de putrefacción.

En este sentido, para Kolnai es digno de mencionar a la falta de nobleza, a la “vitalidad de la grosería” sin límites ni ideales. En la corrupción el único ideal es el dinero, fruto de la avaricia y la codicia, emociones que también presentan rasgos asquerosos.

Unida a la asquerosidad moral de la mentira y la corrupción, aparece la asquerosidad de la blandura moral, de la flaqueza de carácter, de la incapacidad de voluntad firme, de perseverancia o de tomar posición ante las injusticias. Todo lo cual puede ser fruto de la indolencia y de todo aquello que muestra falta de solidez moral.

Kolnai nos habla de la función ética del asco, el papel del asco en la repulsa moral, el asco alude a lo malo, señala la presencia de una cualidad especial, lo inmoral, lo pútrido moral.  La putrefacción moral ataca a lo más íntimo, a lo más valioso de la persona y lo hace brillar en un moho espumoso, un brillo especial del que se suelen envolver aquellos que tienen algo de encantador y atrayente y con el cual son capaces de engañar asquerosamente.

Otro aspecto interesante que subraya Kolnai es que el asco no debe fundamentar ninguna intención de destrucción contra el objeto (o sujeto) asqueroso, el asco no debe decir: eso hay que destruirlo. Eso sería que el asco por sí solo determina nuestra postura frente al objeto, el asco no debe apagar el amor hacia una persona o hacia los objetos de representación cultural, lo cual indicaría la estupidez naturalista inmoral, prejuicios, fanatismos, etc.

El asco moral tiene que ver con un asco invisible, un asco diseñado a medida por nuestros pensamientos, creencias y convenciones sociales. El ejemplo más clásico es el rechazo que provoca a la mayoría de la gente vestirse voluntariamente una prenda de una persona odiada. En este caso, ya no solo es un problema de contagio por riesgo de contaminación de gérmenes, sino de contagio de “valores morales”. Unos ¿valores? de los que no queremos contagiarnos por pútridos.

Ahora bien, ni el olor a carroña se transforma de repente en olor agradable, ni se transforma lo asqueroso en algo atractivo. Por eso, el asco no debe considerarse como un extravío de la vida humana, es una emoción legítima, útil, llena de sentido, pero no debemos darle paso libre de forma incontrolada, porque puede obstruir el camino a muchas cosas de valor en la vida e impedirnos hacer cosas nobles, el asco, en palabras de Kolnai, necesita examen y pulimento.

Con ello, Kolnai nos quiere decir que el asco hay que aceptarlo como a todas las emociones, puesto que también nos ayuda, pero regulado, manejado de manera adecuada e inteligente.

Termino esta serie asquerosa con fragmentos de un poema de Franz Werfel, que Kolnai incluye en el texto, muy apropiado, que sirve de metáfora a tanta y tanta putrefacción moral a la que asistimos en los últimos tiempos.

Espantosa, enmarañada, delante de nosotros, fluía

una corriente de carroña, sobre la cual brillaba el sol.

Me llamé amor, y ahora me ataca también

este vómito ante la ley más asquerosa

Se inclinó furioso y hundió

Las manos en los insectos de la corrupción;

y, ¡ay!, de rosas un olor, un profundo olor,

se levantó de la blancura.

El Asco, emoción misteriosa

13 junio, 2018
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Hoy presento un post asqueroso, no porque el texto sea asqueroso, sino porque hablaré sobre el asco. Es curioso, pero creo que en este blog aún no hemos hablado de esta emoción.

Para redactarlo me he inspirado en la lectura de Asco, Soberbia y Odio, de Aurel Kolnail y hago referencia a algunos de los conceptos que desarrolla. Kolnai fue un polifacético e ingenioso filósofo que desarrolló su obra durante las primeras décadas del pasado siglo con una perspectiva fenomenológica de la vida emocional. Según Kolnai todo aquello que debemos hacer no viene determinado por normas, sino por valores, unos valores que conocemos por medio de actos afectivos. Kolnai fundamenta su obra en la ética de los valores.

Lo cierto es que este libro da mucho juego porque desarrolla tres emociones poco analizadas, de tal manera que este post constituye el primero de una serie que escribiré sobre ellas. En cuestión del asco, este post será la primera parte, que tendrá un aspecto más escatológico que la segunda, que versará sobre el asco moral.

El asco, la soberbia y el odio, a pesar de ser muy dispares, tienen un elemento en común; las tres son respuestas de defensa o de rechazo frente al entorno, en las que se pone de manifiesto la posibilidad del ser humano de romper los lazos positivos que lo unen al mundo.

En esta obra, Kolnai hace una llamativa comparación entre el asco y la angustia, a las dos emociones les otorga intencionalidad, ambas emociones precisan de una base cognitiva para tener lugar, las dos cuentan con fuertes reacciones corporales, y se diferencian en que la angustia se dirige a lo peligroso, cualidad diferente a lo asqueroso. La angustia huye de lo peligroso, el asco se aleja del objeto asqueroso, pero paradójicamente permanece atado a él impregnándolo.

El estudio del asco resulta muy interesante porque se extiende a un amplio abanico de opciones. Es una de las emociones que pertenecen a las llamadas reacciones de defensa.

Una característica específica del asco es que no se relaciona nunca con lo inorgánico, todo asco, incluso el moral, es fisiológico, incluso más que la cólera. El asco tiene una estrecha relación con el cuerpo. Ahora bien, no debemos relacionar al asco con una simple corporalidad, por ejemplo, “ganas de vomitar”, porque se puede vomitar por causas que nada tienen que ver con el asco. El asco también es una experiencia psíquica, que abarca todo el cuerpo, pero a pesar de ello, la intención del asco se dirige hacia fuera y se adhiere al objeto que lo produce.

Otro aspecto característico de asco es la proximidad, se produce en la cercanía. Ante lo asqueroso también experimentamos angustia, una angustia relacionada con lo peligroso, es una reacción de defensa hacia algo que afecta al individuo. A este respecto, los objetos asquerosos son alimentos podridos o insectos malignos, sabandijas, alimañas, la colorida y viscosa salamandra que se protege con su aspecto asqueroso. Esta es una consideración del asco ante lo oculto, lo sospechoso. Todo lo asqueroso tiene algo de misterioso y chocante, por ejemplo, esa baya roja que llama poderosamente la atención, ¡pero es venenosa! la amanita muscaria, que mantiene una peculiar interacción con los insectos.

Los conductores principales del asco son el olfato – unido al paladar-, el tacto y la vista. Pero curiosamente, también dispone de poder auditivo al presuponer una serie de relaciones asociadas al objeto productor del asco. Produce asco una voz aguardentosa, porque representa el carácter moralmente asqueroso de la borrachera, el aliento de un borracho. Si alguien chasquea los labios, hace ruidos con la boca al comer, se sorbe los mocos, etc.

Pero es el olfato el verdadero asiento del asco. El olfato se relaciona con la putrefacción, con la ruina, la degradación de la vida, de los alimentos. El asco a los olores corporales, al sudor de las axilas, a los a veces graciosos pedos, aquel intenso olor a los “pies muertos” que habitaba en un vestuario de trabajo y que se impregnaba hasta en la ropa.

El tacto ocupa el segundo lugar en la producción del asco. Pensemos en que lo asqueroso tiene tendencia a “pegarse”, con esa sensación de lo blanducho, lo pastoso. Lo prototípico de lo asqueroso es lo podrido, imaginemos el asco que sentimos al tocar supuraciones, pus, carne fétida, pútrida y descompuesta, todo ello acompañado con el olor a putrefacción específico.

Pero también el asco tiene sus colores, cualidades visibles de la putrefacción que dirá Kolnai. La decoloración o el brillo de lo podrido. Como el asqueroso brillante color oscuro y olor de la putrefacta charca mezcla de barro y de mierda de vaca en la que me caí al resbalar con la bici, el fétido olor que tuve que aguantar durante los 15 kilómetros que me restaban para llegar a casa, mientras percibía cómo aquella pastosa mierda se iba secando y pegando a mi ropa y mi cuerpo.

Kolnai está brillante al recomendar que no nos olvidemos de las heces. Este asco lo utilizamos habitualmente como metáfora; “no revuelvas la mierda” cuando no queremos tratar un tema concreto que nos produce asco, algo que “huele mal”.

Las heces representan la descomposición (término recurrente para designar la diarrea) de un cuerpo viviente. El asco surge con la corrupción, la desintegración, el olor cadavérico, el tránsito de la materia viva al estado de materia muerta. Es la asquerosidad de los excrementos como productos de descomposición de la vida expelidos por el cuerpo viviente.

Uniremos este asco a las secreciones corporales. Aquellas que se pegan en lugares indebidos, por ejemplo, lo mostrado en la imagen de cabecera. A este respecto, contaré otra anécdota asquerosa. Cuando me encontré con un excompañero en plena calle y vi que cómo se quitó con la mano una espesa, abultada y verdosa masa de mocos de la nariz, conglomerado que acabó pegado en la espalda de mi chaqueta, aún recuerdo el intenso asco que sentí, y el asco que vi en la cara de mi mujer que me acompañaba.

En su tratado del asco, Kolnai no se olvida de la porquería, de la mugre, de la basura. Quizás los únicos objetos asquerosos que no se refieren directamente a la vida. Mi mano está mugrienta, sucia y repugna tocarla, o tocar con ella la comida, ¡o la cara de otra persona! El asco protege de tener malas consecuencias para la salud por comer con las manos sucias.

Aquí aparece también el asco a determinados alimentos, repugnancia a lo extraño, asco simplemente porque no estamos acostumbrados a comerlos. Tengamos en mente la asquerosidad de los huevos podridos, determinados quesos, con sus propios gusanos o mohosidad. La llamada “casquería”, sesos, mollejas, callos, huevadas de pescado. Son alimentos asquerosos para mucha gente, por aquello de su origen y su textura gelatinosa, inconsistente y pegajosa.

En cuanto a lo gastronómico, también se produce asco por saciedad, sobre todo con lo dulce, por abundancia. Otro asco metafórico, la molestia de la saciedad, cuando lo utilizamos para expresar que estamos hartos de cuestiones que nada tienen que ver con el asco; “basta ya”, “estoy harto”, “esto ya no lo quiero tragar”. Kolnai con agudeza dijo que la sensación del asco le impide a uno ahogarse en un placer.

 El propio cuerpo humano, su proximidad puede mover al asco. Aunque en algunos casos, este sea un asco patológico. ¿Cuánta gente siente asco en las aglomeraciones del tranvía, o al sentarse en una silla “caliente”? Asco que se extiende también a lo sexual, de lo cual hablaremos en la próxima visita.

De momento ya hemos tragado suficiente asco, y como habréis podido comprobar, el asco también se manifiesta en la lejanía y en diferente secuencia temporal.

Os dejo con la música que contiene la imagen de cabecera https://chesterton.bandcamp.com/track/rata-mojada, portada del cd de Chesterton tu casa que asco

¿Cuál es vuestra experiencia con el asco?