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¿Por qué El Faro de las Emociones?

8 octubre, 2010

En primer lugar porque me encantan los faros. Colecciono faros. Tienen un especial atractivo para mí, de tal manera que me hubiera gustado ser farero. Vivir al cuidado de “mi faro”, apartado en algún recóndito lugar.

Lo cierto es que los faros con su atractiva silueta actúan como un potente imán, y no sólo ellos sino también los lugares donde se asientan. En la costa, junto al mar, en acantilados, roquedos o playas oteando el horizonte marino. Lugares majestuosos, paisajes espectaculares de una gran belleza natural unas veces por su calma, otras por su fuerte oleaje, envueltos en violentas tormentas.

Los faros evocan misticismo, misterio, romanticismo, son lugares que invitan a la serenidad, a la reflexión, a la paz interior. Son un gran estímulo para la imaginación, y la creación de sueños.

Presento “El faro de las emociones” como metáfora. Una metáfora que alude a la relación entre la sociedad, las personas y sus emociones y la comunicación emocional,

El faro representa a todas aquellas personas u organizaciones que ejercitando su inteligencia emocional, haciendo uso de sus competencias emocionales se  esfuerzan en transmitir su experiencia y conocimiento, su mensaje emocional que pueda ayudarnos a abrir caminos en esta aventura de la transformación social.

Los faros están completamente expuestos a las inclemencias de todo tipo, afrontándolas con gran fortaleza, valentía y enorme paciencia. Inspiran tranquilidad, confianza. Crean a su alrededor un microclima emocional positivo.

Son un punto de referencia permanente. Durante el día con la belleza y presencia de su silueta, visible desde gran distancia y desde los cuatro puntos cardinales, de noche con su inconfundible y salvadora luz que resalta e ilumina por encima de cualquier otra luz.

Los faros envían sus diferentes mensajes de luz a los cuatro vientos. Que yo sepa hay hasta nueve tipos de luz diferentes; fijas, fijas que iluminan el horizonte de forma giratoria, giratoria lenta que de forma gradual alcanza gran visibilidad para desaparecer lentamente, intermitente rápida, intermitente con intervalos desiguales, de color, de destellos agrupados, de destellos intermitentes, de destellos sucesivos.  

Además de su altiva y sólida construcción, los faros cuentan con su potente lámpara y sus espejos reflectantes, son sus competencias emocionales, que hay que cuidar y reparar con mimo porque son los mecanismos, el medio con que emiten su mensaje, su luz, sus emociones, la luz del faro constituye su lenguaje.

Pero cada faro emite su propio mensaje, su propia luz, siempre la misma. Y en todos ellos es una luz que cumple con su inestimable y vital función emocional, una función práctica, útil y eficaz.  Sirve de guía y ayuda a cuantos navegantes, a cuántas personas lo necesitan, es la sociedad misma.

Cada faro de las emociones con su foco, con su luz, emite un único mensaje de forma clara y constante, Es un mensaje relevante, importante, cautivador. Es decir, cada uno emite una gran idea. Y lo hacen de forma creativa y colaborativa, se complementan llenando el espacio de energía emocional positiva.

Alrededor del faro existen multitud de matices cambiantes, el cielo, la luz, la tonalidad del mar, el aire. Son matices que los percibimos en función de nuestros pensamientos, de nuestra percepción de la realidad, de nuestro estado interior, de nuestras emociones. Tal como las diferentes realidades que conforman la sociedad.

Sin embargo, cada faro sigue enviando el mismo mensaje, su mensaje, sin perder su magia que hace que se le preste atención.

Es un mensaje que el faro lo transmite de forma memorable, diferente, destaca por su fuerza. Un mensaje sencillo que conecta fácilmente porque el faro lo envía pensando en los demás. Desde su situación fija, lo comparte buscando complicidad y es útil porque los navegantes, la gente, lo percibe, lo capta. El mensaje que vale es el que se recibe.

Unos  faros  señalan peligro, advierten, otros señalan posición, situación. Algunos señalan entrada a puerto.

Los faros no se mueven, su luz, su mensaje hace que vayamos hacia él, nos indica el camino.

El mensaje del faro, su luz, es un mensaje que invita, no coacciona, no arrastra, no empuja, no trata de convencer, sólo invita, y deja libertad para que cada cuál elija.

El faro sólo trata de transmitir y provocar emociones. Emociones que nos  guían para que nuestra singladura sea feliz, llegué a buen puerto. Nos guían en nuestra vida en sociedad.

Y por todo ello, el oficio de farero me parece un gran y precioso oficio, mimar, cuidar y mantener a salvo una maravillosa construcción que permite guiar, orientar, prevenir, cuidar, salvar, pero también cambiar el rumbo y ayudar a “empopar” hacia la innovación y transformación social.

¿A cuántos y cuántas os gusta el oficio de farero?

¿Seremos capaces de construir y  encender grandes faros emocionales?

 Os dejo dos pequeños pero preciosos libros de Ferrán Ramón-Cortés con los que he disfrutado muchísimo leyéndolos y que me han servido de inspiración.

“La isla de los 5 faros” y  “El cuaderno de bitácora”

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