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¡Indignaos! II

21 abril, 2011

A fecha de hoy seguimos en la indignación sentimiento grande de enojo que genera un acto ofensivo o injusto

Y sigo en esta línea argumental porque creo que la situación económica, política, social y laboral está en “lo que no mejora empeora”. No quisiera parecer pesimista, soy una persona optimista por naturaleza, sin embargo en esta ocasión tengo que pensar en la famosa frase de Mingote: “un pesimista es un optimista bien informado”.

 Hace algunos días la norteamericana corporación Modys, publicó las perspectivas de la economía española.  Siguen siendo bastante pesimistas y, en mi opinión, tardarán bastante en ser positivas.

Además de no acertar en las tan renombradas reformas laborales y económicas, no se afrontan otras sangrantes situaciones como la del fraude fiscal, (el Fondo Monetario Internacional estima que un 40 por ciento del déficit español se debe a rebajas fiscales), lucha contra la corrupción y especulación, o la contención de precios.

En el post ¡INDIGNAOS I! ya comentaba que la principal medida tomada por el Gobierno para solucionar la crisis se ha basado en aportar ingentes cantidades de dinero a las entidades financieras, que curiosamente siguen aumentando sus beneficios.

Y abogaba por un comportamiento ético como un camino ideal para superar esta situación de crisis, que lejos de ser una crisis económica, creo que esto es la consecuencia de la verdadera crisis la que parece que no se quiere afrontar, da miedo porque supone romper con el sistema y poder establecido, una crisis sin precedentes de valores y de conciencia ética. .

En estos últimos días nos sobresaltan nuevas noticias sobre el encarecimiento del dinero, de una nueva subida de las hipotecas. No sólo sube el euríbor, sino que los bancos y cajas también suben los márgenes que le añaden.

La demanda ha caído en picado, la inversión industrial casi ha desaparecido, y el sector público absolutamente miedoso intenta reducir el gasto de manera compulsiva y en casos, irracional y absurda.

Este aumento del precio del dinero aumentará las dificultades de familias y empresas, aumentando la morosidad, y el consumo descenderá aún más.

Los precios suben empujados por los costes y por el ansia de maximizar “al máximo” posible los beneficios.

El Gobierno sigue sin hablar claro y sin exponer a la ciudadanía las cosas como son, hasta ahora, puesto que el presidente por fin se ha dignado reconocer que tampoco se recuperarán ni el empleo ni la economía en el segundo semestre del año, que dicho sea de paso es un discurso vacío que utiliza desde que tenemos noticias de la crisis.

 Personalmente pienso que esto no ocurrirá porque, entre otras cosas, existen grandes deficiencias en el modelo productivo y económico español.

Una industria en franco retroceso, inversiones y ayudas para investigación a la cola de Europa y por tanto un pobre desarrollo tecnológico.

Crecimiento económico basado en el trabajo (recordemos a Adam Smith), que durante las últimas décadas se ha centrado en la construcción (economía del ladrillo) desaforada e innecesaria en muchos casos. Así nos ha ido.

La tasa de paro actual supera el 20%.

Con el descenso de la industria, se ha producido un aumento del sector servicios, que representa hasta el 60% del PIB. Pero es un sector muy sensible a los vaivenes de la economía por lo que en situaciones de crisis y/o recesión es una de las primeras renuncias de los consumidores. Actualmente la tasa de desempleo se sitúa en el 50% del sector.

Podemos hacernos una idea del peso que representa en ese 60% de la economía.

Por otro lado tenemos una gran dependencia energética y de algunas materias primas, no se pagan las importaciones y sigue aumentando el precio de la deuda externa,..

Y ahora el nuevo debate se centra en relacionar salarios a productividad, a la baja claro.   Proyectando de  esta manera la culpa y responsabilidad en la  “baja eficiencia de los trabajadores”.

Es significativo que no se haya recurrido a esta medida en tiempos de bonanza económica, que los grandes empresarios no se hayan acordado de las personas que han estado dejando su fuerza de trabajo en sus empresas durante tantos años de bonanza económica, repartiendo generosamente sus grandes beneficios.

Por tanto creo que fallan algunos principios éticos entre la clase política que ha apostado por esta vía y entre los “incentivados” grandes magnates.

Si fallan los principios éticos, falla todo lo demás, todas su decisiones pierden credibilidad y legitimidad.

Y veo que no se aborda el control y contención de precios, dejando de lado una cuestión vital básica. Ante la continua pérdida de poder adquisitivo, los trabajadores se encuentran en pleno derecho de demandar un continuo aumento de salarios.

La traducción es clara; aumento de la conflictividad y descenso de la cohesión social.

Se obvia algo tan primario como que la eficiencia de los trabajadores y el aumento de la productividad y competitividad de las empresas también se logran a través del desarrollo tecnológico que hace bajar los costes de producción.

Pero una cuestión fundamental es que la tecnología se desarrolla donde hay ayudas, donde hay demanda, donde hay industria.

Podemos recordar  la teoría la eficiencia basada en el modelo de Krugman; “Inspiración de la economía”: se puede aumentar la productividad del trabajo y hacer crecer la economía aumentando la eficiencia (aumento de un mayor producto por cada unidad de capital y trabajo utilizada en los procesos productivos) de las fuerzas laborales empleadas.

El fundamento de la inspiración de la economía no es otro que la aplicación del conocimiento plasmado en las tecnologías, las formas organizativas y los modos de gestión, en otras palabras de innovación

Y aquí se habla de despidos masivos (otros 6000 en Telefónica) de flexibilizar  el despido de reformas laborales, de rebajas de pensiones, de aumentar la edad de jubilación, de …. , y de altísimos incentivos para los directivos de,  ¿esto es innovación?, ¿es democrático?, ¿es ético?.

Recuerdo a Alain Touraine y su acertado planteamiento que evidencia una clara ruptura entre economía y sociedad.

Los continuos mensajes desde el gobierno pretenden tranquilizar a la población aludiendo a un crecimiento de la economía para el segundo semestre del año, pudiera ser, pero parece que suena a engaño.

En primer lugar la economía debería recuperar  entre un 5% y un 6%  de decrecimiento, para posteriormente crecer hasta un 2% a partir del cual puede generarse empleo.

¿Cómo lo vana hacer?. Nadie lo dice.

No quisiera perder de vista las clarividentes declaraciones de Cayo Lara, coordinador general de IU:

“No sólo no hay que reducir los salarios, habría que sancionar fuertemente a las empresas que teniendo grandes beneficios, deciden despedir a miles de trabajadores.”

Por tanto, ¡Indignaos!

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