Skip to content

LA DESIGUALDAD SOCIAL Y LA FALTA DE COMPASIÓN

27 abril, 2012

El pasado mes de marzo, días 22, 23 y 24, acudí a Madrid al XII FORO SOBRE TENDENCIAS SOCIALES, un evento consolidado como referente de primer nivel, organizado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED y la Fundación Sistema y dirigido por el Catedrático José Félix Tezanos.

El tema central del Foro de este año ha sido “Los nuevos problemas sociales”, en los que juega un importante papel la desigualdad y la injusticia social.

Fue una pena la ausencia por enfermedad de Branko Milanovic.

En este post me centraré en comentar un interesante aspecto de la ponencia de Richard Wilkinson, Catedrático de Epidemiología Social de la Universidad de Nottingham y que forma parte de The Equality Trust, los efectos psicosociales de la desigualdad.

Richard Wilkinson analiza los efectos psicosociales (sociales y personales) de la desigualdad. En los países más ricos del mundo, no los más igualitarios, no existe correlación entre crecimiento económico, bienestar y felicidad.

La desigualdad es una de las causas más importantes de división y de erosión social.

Múltiples estudios demuestran que en aquellas sociedades en que las diferencias en el nivel de renta entre los ricos y los pobres son menores, la vida en comunidad es más fuerte y se da una mayor confianza mutua.

La desigualdad rompe el tejido social, las relaciones sociales, existe una correlación negativa entre confianza y desigualdad. Sí parece que el nivel de desigualdad es la explicación más importante de las enormes diferencias en la persistencia de los problemas sociales, El que todo el mundo se enriquezca no ayuda si no hay distribución de la renta.

Aunque la mala salud y los problemas sociales están relacionados con la distribución de renta;  la violencia, las malas condiciones de salud, el fracaso escolar, los embarazos entre adolescentes, etc, no son problemas que se puedan resolver sólo mediante el crecimiento económico.. Lo importante es dónde estamos en relación a otros en nuestra propia sociedad.

La cuestión de fondo es el estatus social y la renta relativa. Así por ejemplo, si EEUU tiene la tasa más alta de homicidios, de presos y de embarazos adolescentes, y figura en el puesto 31 en la lista internacional de esperanza de vida (PNUD), es porque también tiene las mayores diferencias de renta y por tanto, es uno de los países más desiguales.

El índice de enfermedades mentales también es mayor en los países más desiguales, así como la mortalidad infantil, la delincuencia, los asesinatos, los encarcelamientos. En los países más desiguales las penas son mayores y más largas.

¿Cómo pueden afectar a la salud las diferencias en el estatus social?. ¿Cómo soportamos las cosas de la vida?. ¿A quién culpamos de nuestros problemas?. ¿Cómo los afrontamos?.¿La desigualdad puede afectar a tantos aspectos de la vida?. Son algunas de las preguntas que Richard Wilkinson lazaba.

Pues sí, la desigualdad es un potente contaminante de todos los aspectos vivenciales.

Si buscamos conexiones causales, veremos que las clases sociales nos dejan su impronta desde el nacimiento.

Las investigaciones han demostrado la importancia que tienen para la salud los factores psicológicos y sociales. Las muchas formas en que el estrés crónico nos hace más vulnerables a la enfermedad son cada vez más evidentes.

El estrés, la tensión, ponen en peligro los sistemas inmunológico y cardiovascular y hacen aumentar nuestra vulnerabilidad a gran número de enfermedades que están relacionadas con un envejecimiento más rápido.

Ahora se sabe que una gran contribución a la desigualdad en el ámbito de la salud procede del impacto psicológico y emocional del estatus social de las personas, puesto que genera una percepción de inferioridad que empapa todas nuestras angustias y ansiedades.

Existen tres factores profundamente sociales que nos ayudan a entender el por qué nos afecta tanto la desigualdad; estatus social bajo, redes de amistad débiles y  una mala infancia,  Los tres son indicadores de una ansiedad social subyacente, del estrés crónico.

El tipo de estrés más extendido y más intenso en la sociedad moderna se centra en la preocupación por cómo nos ven los demás, en nuestra inseguridad personal y social.

Como seres sociales, observamos cómo los demás reaccionan ante nosotros. La vergüenza y el ridículo como emociones sociales clave, dan forma a nuestro comportamiento para que cumplamos con las normas aceptables. Es fácil entender de qué manera las diferencias de estatus hacen aumentar la amenaza. Los problemas relacionados con el respeto, pérdida de prestigio y de humillación provocan violencia. La violencia es más común donde hay más desigualdad, las personas privadas de renta, trabajo, casa, etc, son particularmente sensibles a cómo les ven los demás.

La calidad de las relaciones sociales está constituida sobre la escala de las desigualdades materiales que existen entre nosotros. Un mayor nivel de confianza y de participación en la vida en comunidad significa que la gente empieza a pensar en términos del bien común.

Una cuestión importante, según Wilkinson es que, entre la población más pobre, entre las personas en riesgo o exclusión social, desde la infancia, la percepción de seres excluidos, de seres no queridos, de falta de afecto marcan toda la vida.

Tal es así que uno de los nuevos problemas sociales se centra en la desafección afectiva de estos hijos hacia sus padres, convirtiendo el cariño en odio, llegan a culpar a sus padres de su destino de exclusión social. Así queda roto el afecto familiar, se produce la ruptura del vínculo familiar, lo cual refuerza la situación de exclusión. Lo cual es tremendamente dramático.

Los cambios en las sociedades están impulsados por la política, de aquí se desprende la necesidad de un urgente aplicación ética en la política, la ética es la que gobierna las emociones, tal como señala Victoria Camps en su libro “El gobierno de las emociones”.

Desde la perspectiva de la Sociología de las Emociones, está claro que las emociones se construyen socialmente. La moralidad no se reduce a la identificación de acciones buenas o males, es una sensibilidad con la cual se siente atracción hacia lo que está bien y repulsión hacia lo que está mal. La persona equitativa no es la que paga impuestos para evitar una multa, (o la que evade capital para no pagarlos), es la que se identifica con el imperativo moral de que es bueno redistribuir la riqueza.

La ética es una necesidad derivada de la realidad social del ser humano. Un hecho evitable entre los seres humanos es provocar sentimientos de ofensa, de rabia, de vergüenza, de desesperación. Recordemos a Hannah Arendt cuando nos dice que para responder razonablemente a una tragedia insoportable uno debe sentirse afectado, y lo opuesto no es lo racional, sino más bien la incapacidad de sentirse afectado, falta de empatía.

Quizás esté aquí la clave de la existencia de la desigualdad social en este nuestro mundo, en la falta absoluta de empatía, de compasión en determinadas personas, las cuales carecen de la condición que define al ser humano, la humanidad.

¿Y Tú, cómo lo ves?

La imagen de cabecera es de http://amarillopucv.tumblr.com

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: