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Regreso al Faro

27 mayo, 2017

© Giorgos Moutafis / Reuters (REUTERS)

Un saludo y agradecimiento a quienes compartís vuestro tiempo e interés visitando este Faro.

Ha pasado un largo período de inactividad, otras cuestiones diversas coparon mi atención, tiempo y energía. Entre ellas, mi compromiso personal y dedicación con el Programa de Doctorado y preparación de la Tesis Doctoral. Aventura en la que aún estoy inmerso. Afortunadamente, entre las actividades formativas que he de realizar durante este proceso, está la de diseñar y abrir un blog como herramienta de difusión científica. Una estupenda oportunidad  para la reapertura del Faro.

Aprovecho la ocasión para traer a este blog el post que publiqué en blogseitb.com/inteligenciaemocional en marzo del 2016, para hacer ver cómo va empeorando la situación de las miles de personas hacinadas en los campos de refugiados en suelo europeo.

Recientemente Virginia Sarmiento ha publicado en cadenaser.com (06/05/2017) lo siguiente:

Miles de familias viven todavía en los campos de refugiados de Lesbos (Grecia) tras haber huido del horror en sus países de origen. Ahora, además del drama de haber dejado atrás sus vidas y a muchos seres queridos en el camino, sufren el olvido, la falta de atención mediática, como ocurre con tantos otros conflictos que se van disipando en el interés general.

Europol calcula que 10.000 menores refugiados han desaparecido tras llegar a Europa.  Esta fue la noticia en marzo del pasado año que inspiró mi post:

He de pedir disculpas por adelantado, porque hoy vengo al blog a descargar un vómito emocional. Por tanto, este post será breve, caótico y espontáneo como una buena vomitona. Que viene de repente, duele mientras dura, pero luego relaja.

La naturaleza es sabia y nuestro cuerpo cuando se intoxica físicamente, provoca el vómito para expulsar aquello que nos daña. De la misma manera, es una necesidad vital vomitar cuando nos intoxicamos emocionalmente, y yo hoy, lo estoy, intoxicado por la indecencia e inmoralidad de la que se tiñe Europa.

Soy consciente de cuál es mi mal, de qué y cómo lo siento, de cuáles son mis emociones, y de por qué las siento. Y por eso no puedo, no quiero callarme, y vomito. Vomito mi rabia, mi indignación y mi tristeza.

Hablo del drama del éxodo sirio, de los cientos de miles de personas que desean llegar a Europa vía Grecia y Turquía  y alcanzar el estatus de refugiadas.

¿Pero qué refugio humanitario encuentran?. La última decisión de determinadas personas, que abusando de sus posiciones de poder, que el resto hemos legitimado con nuestro voto, ha sido la de deportar a Turquía a todas esas personas, que huyen de una guerra infame como todas. Y se les deporta a un país de dudosa reputación en el respeto de los derechos humanos.

Incapaces, inoperantes, indiferentes en cuanto a tratar de acabar con el genocidio sirio.

A quienes, desde la Sociología -de las emociones en mi caso- nos gusta investigar, analizar, reflexionar, debatir y proponer sobre los problemas sociales, esto no nos deja, no nos puede dejar indiferentes.

Desde esta perspectiva, hoy no quiero callarme. Tengo la fortuna de contar con éste y otros foros semejantes para hacerme escuchar.

Y, repito, consciente de mi estado emocional, quiero darme la licencia de ser políticamente incorrecto y declarar al sistema político, a la clase política y a un ingente numero de personas de todos los rincones del planeta, que se sirven de la política, como una ponzoña de corrupción, de abuso de poder, de explotación y de insensibilidad hacia las cuestiones humanas, vendidas a los grandes poderes económicos ocultos por cobardes.

Sin embargo, hoy quiero poner el foco en lo europeo, en esta vergüenza moral europea.

Me consuela saber que no estoy solo, que otras personas también vomitan, que sentimos y compartimos los mismos pensamientos y emociones. Como muestra os dejo dos “botones”. Os invito a pasar por esas páginas y leerlas con pensamiento y discurso crítico.  Nueva tribuna y La Marea

La guerra de Siria y la bárbara existencia de ISIS está siendo un auténtico negocio para muchos países, entre ellos Turquía, que con una mano recibe 6.000 mill.€ de la UE y con la otra, financia al estado islámico al comprarle petróleo extraído y refinado ilegalmente, o sea robado, en Siria e Irak.  Este contrabando les reporta mutuos y pingües beneficios.

Una auténtica VERGÜENZA MORAL, y esto, lo escribo en mayúsculas, que en el lenguaje bloguero, es gritar.

Vergüenza, tristeza y miedo, indignación y rabia, son algunas de las emociones que esto me produce.

Lo más curioso es que esta situación, que para muchas personas es vergonzosa, no lo es para aquellos que comenten estas tropelías. Actúan impunemente, y con abuso de poder, sin ninguna vergüenza. Recordaré a Aristóteles en su Moral a Nicómaco:

La vergüenza sólo se aplica a los actos voluntarios, y el hombre de bien nunca hará voluntariamente una acción vergonzosa. 

Al mismo tiempo, nuestra clase política europea, trata de inocularnos el miedo, miedo al inmigrante, miedo al refugiado, y siguiendo a Bauman en La posmodernidad y sus descontentos, miedo a la contaminación de personas que no encajan, que están fuera de lugar, que ofenden la estética y la armonía de la vida social europea.

Pero afortunadamente, desde una reflexión serena, también siento y así lo quiero, Ilusión y esperanza en el futuro, en las nuevas generaciones y sus cambios de valores, que estoy convencido transformarán la manera de vivir de nuestras sociedades.

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