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LA DESIGUALDAD SOCIAL Y LA FALTA DE COMPASIÓN

27 abril, 2012

El pasado mes de marzo, días 22, 23 y 24, acudí a Madrid al XII FORO SOBRE TENDENCIAS SOCIALES, un evento consolidado como referente de primer nivel, organizado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED y la Fundación Sistema y dirigido por el Catedrático José Félix Tezanos.

El tema central del Foro de este año ha sido “Los nuevos problemas sociales”, en los que juega un importante papel la desigualdad y la injusticia social.

Fue una pena la ausencia por enfermedad de Branko Milanovic.

En este post me centraré en comentar un interesante aspecto de la ponencia de Richard Wilkinson, Catedrático de Epidemiología Social de la Universidad de Nottingham y que forma parte de The Equality Trust, los efectos psicosociales de la desigualdad.

Richard Wilkinson analiza los efectos psicosociales (sociales y personales) de la desigualdad. En los países más ricos del mundo, no los más igualitarios, no existe correlación entre crecimiento económico, bienestar y felicidad.

La desigualdad es una de las causas más importantes de división y de erosión social.

Múltiples estudios demuestran que en aquellas sociedades en que las diferencias en el nivel de renta entre los ricos y los pobres son menores, la vida en comunidad es más fuerte y se da una mayor confianza mutua.

La desigualdad rompe el tejido social, las relaciones sociales, existe una correlación negativa entre confianza y desigualdad. Sí parece que el nivel de desigualdad es la explicación más importante de las enormes diferencias en la persistencia de los problemas sociales, El que todo el mundo se enriquezca no ayuda si no hay distribución de la renta.

Aunque la mala salud y los problemas sociales están relacionados con la distribución de renta;  la violencia, las malas condiciones de salud, el fracaso escolar, los embarazos entre adolescentes, etc, no son problemas que se puedan resolver sólo mediante el crecimiento económico.. Lo importante es dónde estamos en relación a otros en nuestra propia sociedad.

La cuestión de fondo es el estatus social y la renta relativa. Así por ejemplo, si EEUU tiene la tasa más alta de homicidios, de presos y de embarazos adolescentes, y figura en el puesto 31 en la lista internacional de esperanza de vida (PNUD), es porque también tiene las mayores diferencias de renta y por tanto, es uno de los países más desiguales.

El índice de enfermedades mentales también es mayor en los países más desiguales, así como la mortalidad infantil, la delincuencia, los asesinatos, los encarcelamientos. En los países más desiguales las penas son mayores y más largas.

¿Cómo pueden afectar a la salud las diferencias en el estatus social?. ¿Cómo soportamos las cosas de la vida?. ¿A quién culpamos de nuestros problemas?. ¿Cómo los afrontamos?.¿La desigualdad puede afectar a tantos aspectos de la vida?. Son algunas de las preguntas que Richard Wilkinson lazaba.

Pues sí, la desigualdad es un potente contaminante de todos los aspectos vivenciales.

Si buscamos conexiones causales, veremos que las clases sociales nos dejan su impronta desde el nacimiento.

Las investigaciones han demostrado la importancia que tienen para la salud los factores psicológicos y sociales. Las muchas formas en que el estrés crónico nos hace más vulnerables a la enfermedad son cada vez más evidentes.

El estrés, la tensión, ponen en peligro los sistemas inmunológico y cardiovascular y hacen aumentar nuestra vulnerabilidad a gran número de enfermedades que están relacionadas con un envejecimiento más rápido.

Ahora se sabe que una gran contribución a la desigualdad en el ámbito de la salud procede del impacto psicológico y emocional del estatus social de las personas, puesto que genera una percepción de inferioridad que empapa todas nuestras angustias y ansiedades.

Existen tres factores profundamente sociales que nos ayudan a entender el por qué nos afecta tanto la desigualdad; estatus social bajo, redes de amistad débiles y  una mala infancia,  Los tres son indicadores de una ansiedad social subyacente, del estrés crónico.

El tipo de estrés más extendido y más intenso en la sociedad moderna se centra en la preocupación por cómo nos ven los demás, en nuestra inseguridad personal y social.

Como seres sociales, observamos cómo los demás reaccionan ante nosotros. La vergüenza y el ridículo como emociones sociales clave, dan forma a nuestro comportamiento para que cumplamos con las normas aceptables. Es fácil entender de qué manera las diferencias de estatus hacen aumentar la amenaza. Los problemas relacionados con el respeto, pérdida de prestigio y de humillación provocan violencia. La violencia es más común donde hay más desigualdad, las personas privadas de renta, trabajo, casa, etc, son particularmente sensibles a cómo les ven los demás.

La calidad de las relaciones sociales está constituida sobre la escala de las desigualdades materiales que existen entre nosotros. Un mayor nivel de confianza y de participación en la vida en comunidad significa que la gente empieza a pensar en términos del bien común.

Una cuestión importante, según Wilkinson es que, entre la población más pobre, entre las personas en riesgo o exclusión social, desde la infancia, la percepción de seres excluidos, de seres no queridos, de falta de afecto marcan toda la vida.

Tal es así que uno de los nuevos problemas sociales se centra en la desafección afectiva de estos hijos hacia sus padres, convirtiendo el cariño en odio, llegan a culpar a sus padres de su destino de exclusión social. Así queda roto el afecto familiar, se produce la ruptura del vínculo familiar, lo cual refuerza la situación de exclusión. Lo cual es tremendamente dramático.

Los cambios en las sociedades están impulsados por la política, de aquí se desprende la necesidad de un urgente aplicación ética en la política, la ética es la que gobierna las emociones, tal como señala Victoria Camps en su libro “El gobierno de las emociones”.

Desde la perspectiva de la Sociología de las Emociones, está claro que las emociones se construyen socialmente. La moralidad no se reduce a la identificación de acciones buenas o males, es una sensibilidad con la cual se siente atracción hacia lo que está bien y repulsión hacia lo que está mal. La persona equitativa no es la que paga impuestos para evitar una multa, (o la que evade capital para no pagarlos), es la que se identifica con el imperativo moral de que es bueno redistribuir la riqueza.

La ética es una necesidad derivada de la realidad social del ser humano. Un hecho evitable entre los seres humanos es provocar sentimientos de ofensa, de rabia, de vergüenza, de desesperación. Recordemos a Hannah Arendt cuando nos dice que para responder razonablemente a una tragedia insoportable uno debe sentirse afectado, y lo opuesto no es lo racional, sino más bien la incapacidad de sentirse afectado, falta de empatía.

Quizás esté aquí la clave de la existencia de la desigualdad social en este nuestro mundo, en la falta absoluta de empatía, de compasión en determinadas personas, las cuales carecen de la condición que define al ser humano, la humanidad.

¿Y Tú, cómo lo ves?

El pasado mes de marzo, días 22, 23 y 24, acudí a Madrid al XII FORO SOBRE TENDENCIAS SOCIALES, un evento consolidado como referente de primer nivel, organizado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED y la Fundación Sistema y dirigido por el Catedrático José Félix Tezanos.

El tema central del Foro de este año ha sido “Los nuevos problemas sociales”, en los que juega un importante papel la desigualdad y la injusticia social.

Fue una pena la ausencia por enfermedad de Branko Milanovic.

En este post me centraré en comentar un interesante aspecto de la ponencia de Richard Wilkinson, Catedrático de Epidemiología Social de la Universidad de Nottingham y que forma parte de The Equality Trust, los efectos psicosociales de la desigualdad.

Richard Wilkinson analiza los efectos psicosociales (sociales y personales) de la desigualdad. En los países más ricos del mundo, no los más igualitarios, no existe correlación entre crecimiento económico, bienestar y felicidad.

La desigualdad es una de las causas más importantes de división y de erosión social.

Múltiples estudios demuestran que en aquellas sociedades en que las diferencias en el nivel de renta entre los ricos y los pobres son menores, la vida en comunidad es más fuerte y se da una mayor confianza mutua.

La desigualdad rompe el tejido social, las relaciones sociales, existe una correlación negativa entre confianza y desigualdad. Sí parece que el nivel de desigualdad es la explicación más importante de las enormes diferencias en la persistencia de los problemas sociales, El que todo el mundo se enriquezca no ayuda si no hay distribución de la renta.

Aunque la mala salud y los problemas sociales están relacionados con la distribución de renta;  la violencia, las malas condiciones de salud, el fracaso escolar, los embarazos entre adolescentes, etc, no son problemas que se puedan resolver sólo mediante el crecimiento económico.. Lo importante es dónde estamos en relación a otros en nuestra propia sociedad.

La cuestión de fondo es el estatus social y la renta relativa. Así por ejemplo, si EEUU tiene la tasa más alta de homicidios, de presos y de embarazos adolescentes, y figura en el puesto 31 en la lista internacional de esperanza de vida (PNUD), es porque también tiene las mayores diferencias de renta y por tanto, es uno de los países más desiguales.

El índice de enfermedades mentales también es mayor en los países más desiguales, así como la mortalidad infantil, la delincuencia, los asesinatos, los encarcelamientos. En los países más desiguales las penas son mayores y más largas.

¿Cómo pueden afectar a la salud las diferencias en el estatus social?. ¿Cómo soportamos las cosas de la vida?. ¿A quién culpamos de nuestros problemas?. ¿Cómo los afrontamos?.¿La desigualdad puede afectar a tantos aspectos de la vida?. Son algunas de las preguntas que Richard Wilkinson lazaba.

Pues sí, la desigualdad es un potente contaminante de todos los aspectos vivenciales.

Si buscamos conexiones causales, veremos que las clases sociales nos dejan su impronta desde el nacimiento.

Las investigaciones han demostrado la importancia que tienen para la salud los factores psicológicos y sociales. Las muchas formas en que el estrés crónico nos hace más vulnerables a la enfermedad son cada vez más evidentes.

El estrés, la tensión, ponen en peligro los sistemas inmunológico y cardiovascular y hacen aumentar nuestra vulnerabilidad a gran número de enfermedades que están relacionadas con un envejecimiento más rápido.

Ahora se sabe que una gran contribución a la desigualdad en el ámbito de la salud procede del impacto psicológico y emocional del estatus social de las personas, puesto que genera una percepción de inferioridad que empapa todas nuestras angustias y ansiedades.

Existen tres factores profundamente sociales que nos ayudan a entender el por qué nos afecta tanto la desigualdad; estatus social bajo, redes de amistad débiles y  una mala infancia,  Los tres son indicadores de una ansiedad social subyacente, del estrés crónico.

El tipo de estrés más extendido y más intenso en la sociedad moderna se centra en la preocupación por cómo nos ven los demás, en nuestra inseguridad personal y social.

Como seres sociales, observamos cómo los demás reaccionan ante nosotros. La vergüenza y el ridículo como emociones sociales clave, dan forma a nuestro comportamiento para que cumplamos con las normas aceptables. Es fácil entender de qué manera las diferencias de estatus hacen aumentar la amenaza. Los problemas relacionados con el respeto, pérdida de prestigio y de humillación provocan violencia. La violencia es más común donde hay más desigualdad, las personas privadas de renta, trabajo, casa, etc, son particularmente sensibles a cómo les ven los demás.

La calidad de las relaciones sociales está constituida sobre la escala de las desigualdades materiales que existen entre nosotros. Un mayor nivel de confianza y de participación en la vida en comunidad significa que la gente empieza a pensar en términos del bien común.

Una cuestión importante, según Wilkinson es que, entre la población más pobre, entre las personas en riesgo o exclusión social, desde la infancia, la percepción de seres excluidos, de seres no queridos, de falta de afecto marcan toda la vida.

Tal es así que uno de los nuevos problemas sociales se centra en la desafección afectiva de estos hijos hacia sus padres, convirtiendo el cariño en odio, llegan a culpar a sus padres de su destino de exclusión social. Así queda roto el afecto familiar, se produce la ruptura del vínculo familiar, lo cual refuerza la situación de exclusión. Lo cual es tremendamente dramático.

Los cambios en las sociedades están impulsados por la política, de aquí se desprende la necesidad de un urgente aplicación ética en la política, la ética es la que gobierna las emociones, tal como señala Victoria Camps en su libro “El gobierno de las emociones”.

Desde la perspectiva de la Sociología de las Emociones, está claro que las emociones se construyen socialmente. La moralidad no se reduce a la identificación de acciones buenas o males, es una sensibilidad con la cual se siente atracción hacia lo que está bien y repulsión hacia lo que está mal. La persona equitativa no es la que paga impuestos para evitar una multa, (o la que evade capital para no pagarlos), es la que se identifica con el imperativo moral de que es bueno redistribuir la riqueza.

La ética es una necesidad derivada de la realidad social del ser humano. Un hecho evitable entre los seres humanos es provocar sentimientos de ofensa, de rabia, de vergüenza, de desesperación. Recordemos a Hannah Arendt cuando nos dice que para responder razonablemente a una tragedia insoportable uno debe sentirse afectado, y lo opuesto no es lo racional, sino más bien la incapacidad de sentirse afectado, falta de empatía.

Quizás esté aquí la clave de la existencia de la desigualdad social en este nuestro mundo, en la falta absoluta de empatía, de compasión en determinadas personas, las cuales carecen de la condición que define al ser humano, la humanidad.

¿Y Tú, cómo lo ves?

La imagen de cabecera es de http://amarillopucv.tumblr.com

 

Y tú ¿de qué vas?

1 abril, 2012

El pasado miércoles 28 de marzo tuve la suerte de poder acudir a la presentación del libro “La pasión de mejorar” de mi querido y admirado Eugenio Ibarzábal. Lo presentó acompañado de Javier Otaola, Eduardo Anitua, y Josune Beriziartua, en un sencillo y simpático acto entre amigos y conocidos,

La pasión de mejorar es una actualización de la primera edición escrita hace ya algún tiempo, pero también recoge sus anteriores obras Piensa bien y acertarás, y la posterior Vivir, que utiliza como soporte teórico del Taller de Innovación Personal que imparte dos veces al año en la Casa de Espiritualidad del Monasterio de Loyola. Un taller que recomiendo por lo que tiene de autorreflexión y descubrimiento personal.

En primer lugar tomó la palabra Javier Otaola incluyendo a Eugenio en la categoría de los “pensadores de la mejora”.  Según él, Eugenio es una persona con una visión de la vida completa, de una vida con sentido, en una especie de geometría de la vida.  Esa visión, ese sentido en la vida es su misión personal, el sentido en la búsqueda de la belleza.

Por su parte Josune comentó qué es, qué representa para ella la escalada. La define como una fuente de conocimiento personal. “Una actividad en la que se desarrolla el instinto de supervivencia experimentada a través de la confianza y seguridad en lo que haces y en tus posibilidades”.  Explicó que en la escalada hay que conocerse muy bien, conocer las propias limitaciones. Se trata de un permanente aprendizaje desde la experiencia adquirida en una continua lucha con uno mismo, para superarse, para afrontar nuevos retos con el pensamiento positivo “se puede hacer”. En definitiva sentir la vida de manera creativa.

En la pared no sirven excusas, aludiendo a una de las cuestiones centrales de la obra de Eugenio, en la escalada como en la vida “hay que hacer lo que toca, aquí y ahora, guste o no “.

Eduardo Anìtua comentó que lo que más admira en Eugenio, es esa cualidad de vivir con pasión, apasionado por mejorar él mismo y mejorar a los demás. Transmitir pasión. Algo que él mismo experimenta enseñando, En definitiva enseñar es la manera más emocionante de aprender.

Yo creo que Eugenio es de esas personas que se emocionan con la lucha contra los obstáculos de la vida, que pone pasión en lo que está involucrado, en el aquí y ahora.

Para Eugenio, las paredes que escala Josune son como una metáfora de la vida. Según él, nos vamos encontrando emociones y pensamientos y lo importante es saber cómo gestionarlos para seguir delante de manera eficaz.

En nuestra búsqueda de cómo superar retos, hay que focalizar, simplificar, quitar lo que sobra, lo que no nos deja ver, obrar con sencillez .  Son cuestiones que afloran en “La pasión de mejorar”.  La mejora personal es descubrimiento y descubrir es quitar lo que cubre, lo que tapa. Quitemos de nuestra vida todo aquello que sobra y quedémonos con lo esencial e importante, en este sentido nos planteó que él piensa que existen personas que facilitan las cosas a los demás y personas que complican las cosas a los demás. Unas se consideran el centro del mundo y las otras se consideran parte del mundo.

Aquí introduce otro de los principios importantes de su obra y de su taller de Innovación Personal, descubrir ¿de qué vamos en la vida?.  La respuesta tiene mucho que ver con enfrentarnos a los miedos que nos atenazan, al papel que nos hemos dado a nosotros mismos que nos obliga a ir de lo que en realidad no somos y que nos limita y nos hace sufrir.  Debemos enfrentarnos a esta pregunta  ¿de qué voy?.

Estoy de acuerdo con Eugenio en su reflexión y planteamiento.

Somos actores sociales que representamos un papel. Algunas personas representan su papel de manera transparente, son auténticas y otras se ocultan tras su papel, se quedan ancladas al personaje que representan y acaban creyéndose ser él.  Esta estrategia no deja de ser una manera de ocultar las propias inseguridades. Es el Gran Teatro del Mundo de Calderón de la Barca,  o El  Teatro de la Vida de Charles Chaplin

En este sentido y desde la perspectiva de la Sociología de las Emociones, Theodore D.Kemper en su teoría sociorrelacional de las emociones nos propone que el juego interacional entre los actores en términos de poder y estatus es el que determina las emociones que evocarán internamente. En este caso se tratará de ocultar determinados aspectos por  ”vergüenza”,  para ocultar nuestra incompetencia, o se evocará el miedo si alguien se percibe como vulnerable. También analiza la vergüenza como lal emoción social por antonomasia Thomas Scheff

Otra importante autora de esta teoría sociológica de las emociones, Arlie R. Hochschild nos recuerda que el universo de estudio de los actores sociales son los sentimientos conscientes que participan en el juego de la vida social, y recuerda a Goffmann quien estudia la conducta externa de los individuos, orientada al objetivo dramatúrgico de la autorepresentación en la vida cotidiana.

En esta pregunta de Eugenio, nada inocente, ¿de qué vas?,   podemos apreciar las llamadas “máscaras emocionales”, impostor, rebelde y perdedor que no hacen sino esconder baja autoestima.

Temor a enfrentarse a los propios miedos, como recoge Eugenio en su obra;

El miedo es el puente que hemos de pasar para pasar de un escenario seguro y que conocemos a otro que nos resulta desconocido, por lo tanto, inseguro, el miedo no es más que otro pensamiento, otra emoción que se puede sentir, observar y …soltar.

No es sino una introducción al problema del ego. Y si hay algo que nos hace daño es el ego, está en el origen de todos los males, destroza la vida propia y la de los demás, a ese ego hay que combatirlo sin piedad.

Dejar de creerse el centro de la reunión, de la familia, de la organización, es la primera contribución que podemos hacer a los demás y a nosotros mismos. Comerse la soberbia propia cada mañana es la mejor manera de empezar el día.

Gracias Eugenio por ayudarnos a pasar una bonita tarde

Y tú, ¿de qué vas?, ¿cómo empiezas el día?

LA SUERTE Y LA VIDA ….EMOCIONAL

21 marzo, 2012

Tenía la intención de reiniciar este proceso de escritura bloguera con un tema de lo más actual e interesante y de vital trascendencia en las realidades sociales de estos nuestros días. El desempleo entre las personas mayores de 45 años.

Sin embargo, lo dejo para el próximo post,  porque el pasado viernes  me ocurrieron un par de cosas bonitas y ¿extraordinarias? y me gustaría compartir las sensaciones y emociones agradables que me hicieron sentir.

Cuando volvía caminado hacia mi casa, después de salir del trabajo, contento porque llevaba en la cabeza una buena idea,  una preciosa mariposa con su libre y alegre vuelo quiso acompañarme durante unos metros anunciándome la cercanía de la primavera y haciendo que en mi cara se dibujara una amplia sonrisa y percibiera una intensa alegría,.

Me dio por reflexionar, al tiempo que inspiraba profundamente,  cómo cualquier pequeño detalle que sucede en nuestras vidas, por insignificante que sea, puede estimular una emoción agradable y vivir ese momento intensamente. Me recordó la importancia del concepto emocional  “atención plena”.

Y un momento después, a los pocos metros, ya en la calle donde vivo, me encontré con un vendedor de la ONCE.  Es su punto de venta habitual, yo suelo comprarle de vez en cuando algún cupón para el sorteo de los viernes, el “cuponazo”  El viernes al verle, con la alegría que llenaba mi cuerpo, recordé que tenía el cupón del viernes anterior “sin mirar” (algún día me tocará y no me enteraré hasta pasados unos días, jeje,..).  Él lo consultó en su máquina de venta portátil (un gran avance tecnológico que facilita a las personas ciegas, o con graves problemas visuales,  desarrollar ésta actividad laboral), y… nada, no tenía premio.  En ese momento decidí comprar otro cupón para el sorteo de ese mismo día; comenzamos una breve conversación sobre la suerte en la vida.

Él me comentó, más bien susurró: para suerte la mía, aquí estoy vendiendo cupones porque de joven un accidente me “rompió la vida”.  Me contó que perdió la vista en un ojo, con el otro sólo ve parcialmente, le afectó a la voz, además de algunos problemas de movilidad.

“Y ahora tengo la suerte de poder “repartir suerte” a los demás. El accidente ocurrió, las secuelas ahí están, qué le vas a hacer?.  Hay que seguir adelante. Esto es la vida”.

Mientras le escucho me vienen a la cabeza tantas cosas, esto es gestión de las competencias emocionales intrapersonales, esto es conciencia emocional, regulación y sobre todo, autonomía emocional.  Pensamiento optimista, actitud positiva para afrontar tantas dificultades, aceptar la situación: “ya no se puede volver atrás, es lo que hay” . ¡Qué gran entereza! y automotivación para seguir adelante teniendo presente la palabra  “afortunadamente”…

Hoy no sé si me ha tocado el cupón, o no, no sé si tendré “esa suerte”.  Cuando hablo de suerte, me gusta comentar, que no suelo tener la suerte que quiero, pero siempre acabo  teniendo la suerte que necesito.

El pasado viernes tuve mucha suerte, había “fluído” en el trabajo durante toda la mañana, me fui a casa con una buena idea en la cabeza, a la que me dediqué durante toda la tarde, una mariposa había utilizado parte de su vuelo para acompañarme y el vendedor de la suerte me dio una lección de vida optimista.

Fue una recarga extra de energía emocional, una afortunada experiencia cotidiana, de las muchas que tenemos de forma habitual, sólo hay que estar atentos a lo que nos rodea, a quienes están y pasan a nuestro lado, observar y percibir las emociones propias y ajenas…. Ser conscientes de lo que pasa dentro de nosotros y en el entorno social en el que nos movemos, tengamos en cuenta que somos seres sociales, que vivimos en sociedad  y compartimos actividad, espacio, tiempo y emociones sociales.

Hablando de la suerte y de la vida, os dejo unos fragmentos de una preciosa canción de Silvio Rodríguez, “La vida” que además hoy, he tenido la suerte de escuchar en la voz de Ainhoa Arteta:

“La vida de un pájaro en vuelo. La vida de un amanecer. La vida de un crío, de un bosque y de un río. La vida que me ha hecho saber. La vida del sordo y del ciego. La vida que no sabe hablar. La del triste loco. La que sabe a poco. La vida que me ha hecho soñar. La vida que pende de todo. La vida de cada emoción. La vida en exceso. La vida de un beso. La vida me ha hecho canción.”

EVALUACIÓN DE INTERVENCIÓN DE “Emoción y exclusión social.Una relación al descubierto”

7 septiembre, 2011

INFORME DE EVALUACIÓN DE EXPERIENCIA DE INTERVENCIÓN

Recordaré que “Emoción y Exclusión Social, una relación al descubierto” es una investigación sociológica sobre el impacto de las emociones en los procesos de exclusión e inclusión social.

Un proyecto de investigación-acción que tiene como objetivo abordar, analizar y conocer la estrecha relación existente entre las emociones y los procesos de exclusión e inclusión social.

Se trata de analizar las posibilidades y oportunidades que nos ofrece la aplicación dela Inteligencia Emocional, mediante el desarrollo y entrenamiento de las Competencias Emocionales, como herramienta eficaz de Intervención Social.

El proyecto está diseñado y estructurado en cinco líneas de investigación  a través de una metodología eminentemente cualitativa

El presente documento describe el proceso seguido en la experiencia piloto de intervención que forma parte de la metodología de esta investigación, así como los resultados, evaluación, y conclusiones de la misma. 

Representa, por tanto, el cierre de la segunda fase de este trabajo de investigación una vez cumplida la primera fase que consistió en la recogida de datos a través de cuestionarios al panel de expertos y de profesionales.

Dicho proceso de intervención ha consistido en un entrenamiento  grupal que buscaba el desarrollo de competencias emocionales en las 14 personas que forman parte del “grupo muestra” del Hogar Betoño, un recurso asistencial perteneciente ala AsociaciónBizitzaBerria que trabaja por la inclusión de las Personas Sin Hogar.

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